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lunes, julio 25, 2016

El otro ambiente

Era mi departamento y estaba por amanecer. El pasillo que divide la pieza del comedor  era largo más largo de lo que recordaba y había un placard empotrado en él. Al abrirlo, adentro encontraba otra puerta corrediza que, al correrla, permitía el ingreso a un tercer ambiente. Era una habitación devenida en galpón, abandonada y bastante tenebrosa. No entendía como estaba eso ahi sin que nadie me avisara, revisaba el contrato de alquiler y no se la nombraba. Pensaba que quizás los dueños, al ser propietarios nuevos (habían comprado el departamento hacía tres años) y al nunca haber habitado en él no lo habían descubierto. Supuse también que la inquilina anterior habia preferido guardar el secreto. En simultáneo sucedía una fiesta en el piso de abajo, una especie de  aquelarre de drogas. A medida que amanecía yo les permitía continuar la fiesta en mi comedor. El problema es que luego no se iban por más que quisiera echarlos y  rompían mis cosas y ensuciaban la casa. Aún así me preocupaba más la habitación secreta, entraba, tomaba cosas (había latas) pero me daba algo de miedo sacarlo de ahí. Sentía presencias raras, como si fueran muertos, invadiendo mi casa desde el momento en que había abierto la habitación. Intentaba llamar a mi padre para que me ayudara a echar a los invitados de la fiesta que ya para ese momento usurpaban el departamento pero no me podía comunicar. Me sentía atontada, como drogada y muy angustiada. Y nunca terminaba de amanecer.

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