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jueves, marzo 06, 2014

Cómo se viven las muertes.

Cuando murió Chávez estábamos los tres juntos. Ayer te lo comenté y vos me dijiste que no te acordabas.  Yo me acuerdo porque nos enteramos ahí, en tu casa, lo dijiste vos cuando encendiste la pc mientras te vestías y en internet todos estaban hablando del tema.
"Murió Chávez", te asomaste por el marco de tu puerta un poco sorprendida y nosotros dos, en el living, nos miramos también sorprendidos y entramos a tu pieza para usar la computadora y saber un poco más.
Pero de ese día no me acuerdo porque haya muerto Chávez nada más. Ese detalle se le agregó a los otros detalles, a los otros hechos que habían marcado la tarde.
Subimos a tu departamento con alguna excusa como siempre, salir del trabajo, seis de la tarde y que quedara de paso, el clásico "quieren subir", o un plan de merienda, o encontrarle ubicación al sillón destrozado levantado de la calle. ¿Comimos facturas, tostadas francesas, tomamos mate o empezamos a toquetearnos en el ascensor y directamente enfilamos para tu pieza riéndonos como siempre porque había confianza, porque ya sabíamos?. No sé. De eso no me acuerdo como vos no te acordás de que ese día murió Chávez o del resto de las cosas. Hacía calor. Mucho calor. Adentro. Afuera no tanto porque me veo con la campera negra y  te veo a vos ofreciendome un pullover que yo rechacé porque no hacía tanto frío, solo el viento que corre cuando está por empezar el otoño y se hizo ya de noche. Pero en tu pieza el aire estaba húmedo y caluroso como siempre. Terminamos ahí tirados, transpiradísimos y la queja por no haber comprado Gatorade y las burlas y después volver a empezar. Tengo una idea de cómo fue todo. Vos parecías estar bien y yo me dejé llevar por tu entusiasmo y nosotros juntos siempre estabamos entusiasmados y un poco ciegos. No me di cuenta de que estaba siendo muy brusca, muy agresiva. En esos momentos me suelo olvidar de que estoy frente a los cuerpos ajenos y no sólo con el mío. Yo no sabía si gritabas de placer o de dolor y el automatismo neumático se había adueñado de mi. Era una máquina violenta y solo atiné a parar cuando vi que sangrabas. Cuando corriste al baño y te encerraste dando un portazo y empezaste a gritar llorando. En tu pieza nos miramos paralizados y me preguntó si estabas llorando. No sabía qué decirle. Alguno de los dos te golpeó la puerta, saliste y te abracé, quizás  hasta nos abrazamos todos y fuimos hasta el living, se quedó parado mientras las dos nos sentamos mirando por el ventanal con las luces apagadas, todavía abrazadas. Te acariciaba el pelo y hablábamos en voz baja. Nos movimos al futón y ahora hablábamos en volumen más normal, les pregunté si querían ir a cenar, que podíamos ir al patio de comidas del cine y estuvimos de acuerdo en eso, en que venía bien salir a comer esa noche. Entonces fuiste a tu pieza a vestirte mientras nosotros nos quedábamos en el living a oscuras un poco desorientados todavía y ahí fue, por eso te decía que me acuerdo que estábamos los tres juntos, cuando te asomaste para decirnos que se había muerto Chávez.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Fea chupa conchas

A girl called María dijo...

ñomñomñom conchas <3

jordim dijo...

Voy mirar más bajo la falda del blog..

Agost dijo...

Excelente.

pequenia alesita dijo...

que lindo... y triste

el primer comentario, maravilloso. se ve que luego de semejante análisis literario, no se animó a poner su nombre por humildad, para no pasar a la posteridad como un genio.