Buscar en este blog

lunes, agosto 19, 2013

Estímulos para la pena ausente

¿Por qué, oh Zeus, has permitido que los hombres distingan el oro verdadero del falso, y no has impreso una señal en el cuerpo para que no se confundan los malos con los buenos?.
Eurípides - Medea 




 nunc iam nulla viro iuranti femina credat,
nulla viri speret sermones esse fideles;
quis dum aliquid cupiens animus praegestit apisci,
nil metuunt iurare, nihil promittere parcunt:

sed simul ac cupidae mentis satiata libido est,
dicta nihil metuere, nihil periuria curant.
 Catulo - Carmen 64

Intenté leyendo a Eurípides, identificarme con Medea: no pude. Recurrí a la infalible Idea Vilariño: falló. Le di otra chance a los clásicos y busqué el carmen 64 de Catulo: nada. Escuché Hole, Garbage, Alanis Morissette:  terminé cantando  sin prestar demasiada atención. Recorrí mi piel para hallar el fondo de las cicatrices: no logré temblar.
Me dijeron que cuando alguien nos ha hecho demasiado mal (hacer-el-mal, sintagma frecuente) una mancha más al tigre (palabra clave: mancha) no hace nada.  Cuando se deja de sentir, cuando la carne se vuelve piedra, el moho sobre la superficie es tan solo suciedad que se va con el agua, dejando apenas una sensación pegajosa, momentánea e inocua.
Sin palabras, entonces, descubro que he agotado no solo la poesía sino también la sangre. No importa qué tan profundo me corte, no brotan manantiales rojos, sino aire, como si mis venas estuvieran secas y muertas. Como si el corte no fuera lo suficientemente profundo: entonces vuelvo a intentar y lo mismo sucede. El corte nunca llega a herir, nunca llega a doler tampoco. Ante el cese de la poesía y la hemorragia, comienza el reinado del silencio. La palabra del otro ya no es estímulo porque el otro deja de ser interlocutor para ser un extraño cuya lengua también nos es extraña, ajena, incomprensible. A partir de ahí, toda enuncación, incluso esta, parte desde otro punto, con otras reglas, con otra sintaxis y atravesada por otros hilos, por la semántica otrora relegada.
En el silencio realmente solo se habita segundos: los necesarios para mutar de lengua y, con ello, mudar la piel. Ya no soy ciertamente, lo que era, porque ya no puedo hablar con mi ayer.

2 comentarios:

entrega en medias dijo...

La sensación de no sentir nada hay que usarla con las palabras de los jefes, con los que nos vienen a negociar, pero hay que aprender a identificar con quien si abrir nuestros sentimientos

a veces uno siente que vive en una ciudad sin calles y un lenguaje sin palabras

entrega en medias dijo...

La sensación de no sentir nada hay que usarla con las palabras de los jefes, con los que nos vienen a negociar, pero hay que aprender a identificar con quien si abrir nuestros sentimientos

a veces uno siente que vive en una ciudad sin calles y un lenguaje sin palabras