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domingo, mayo 19, 2013

Poema a la que se mira en el espejo

"soy tan otra"
con el cuaderno negro
abierto sobre mis piernas negras cerradas,
pensé
cuando se me vino a la cabeza
el vaso de cerveza con el shot de vodka
que me parecía tan moderno
tan fascinante
como cruzar la calle
y cruzar las puertas
y saltar sobre la cama,
tan virgen, yo
tan niña

ahora quiero tocar
con la boca o con las yemas de los dedos
las palabras que se iban soltando
entre las velas difusas
de la mesa del bar

y cierro los ojos, muy fuerte
porque ahí un poco me entiendo
o me encuentro
en el discurso,
en el gesto fascinante
del crimen y su criminal

pero soy tan otra
- pienso-
cuando el mismo cuerpo dado vuelta
a un costado de la cama,
arisco, abandonado y transpirado
es el que ahora
deja ir un poco la violencia y el extrañamiento
frente al abrazo que sucede
a la culminación del sexo

ya no pregunto por qué me tocás el pelo
ni me hago un bollito, chiquito
ni busco excusas para huir del contacto
"porque estoy rota y cojeme pero no me toques"
ni me río con saña
-quizás sí, aún un poco-
de tu chamuyo barato

entre la risa cómplice de todas
las que pisamos un poco esa alfombra
cerré el cuaderno y lo tiré sobre la cama,
sobre la mía y no las alquiladas,
es que encuentro que no me reconozco
ya
en ciertas tristezas,
en las penas de esas páginas,
acá está
el pedacito que faltaba:
no iba a poder escribir sobre una espina
que no era espina
no me salen versos sobre la nada

porque ahora soy tan otra,
vuelvo a comer tranquila
y a emborracharme con agua,

muy posiblemente
no es que sea tan otra
es que era otra la que tuve que inventar
para salir de mi bancarrota
y lo único que soy,
es yo:
María,
la de antes,
la de siempre,
la feliz.