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sábado, abril 20, 2013

Ahora y siempre

Hay una pregunta usual, que ronda entre periodistas, entrevistadores, el común de la gente, etc. Esa que dice "¿Dónde estabas cuando pasó tal cosa?". Hay eventos que resultan tan trascendentes para una sociedad que las personas tienden a quedar con el instante grabado de aquello que estaban haciendo cuando aquel evento particular sucedió.
Cuando asesinaron a Mariano Ferreyra yo estaba en mi casa. Acá debo hacer un paréntesis: si bien sé y recuerdo que estaba en la casa que vivo actualmente, pues vivo aquí desde 2009, en mis recuerdos siempre se cruza una imagen extraña: enterarme del asesinato de Mariano Ferreyra en el comedor de mi casa anterior, en la casa en la que crecí. Onírica y confusa, la imagen me sigue intrigando. Pero eso no importa. Estaba en mi casa, había almorzado ya y estaba mirando televisión. Tenia que salir para Puán a eso de las cinco de la tarde, pues cursaba Latinoamericana I a partir de las siete. Recuerdo los videographs que decían que en la manifestación de los tercerizados del Roca había un muerto y que ese muerto era un militante del Partido Obrero.
Cuando uno estudia en Puán (Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, bah, pero para nosotros es Puán a secas) convive todos los días con militantes:  del PO, del PTS, del MAS, de la FUP, etc. etc. etc. Y es posible que desarrolle más o menos cercanía con alguno que otro, ya sea por cuestiones políticas, amistades, etc.Uno siempre termina teniendo un amigo militante. También pasa que uno se transforma en un militante, por qué no.
La noticia del militante asesinado (que aún no tenía nombre y apellido para todos nosotros) en una marcha me sacudió bastante, por no decir que sentí que me tocaba de cerca. Uno apoya reclamos, difunde marchas, asiste a ellas. A un pibe que podría haber sido el chico que estaba en la mesa del PO, el que me vendía el café en el bar del CEFYL, el que se sentaba al lado mío en una materia, al que aplaudía cuando subía a hablar en una asamblea lo habían asesinado. Porque encima eso, nosotros veníamos del famoso estudiantazo del 2010, de un mes de toma, de pelear por el edificio que nos pudiera albergar a todos los estudiantes de Filosofía y Letras de manera digna (edificio que aún hoy en 2013 no se empezó a construir), de marchar al ministerio, de  cortar la calle. La toma había terminado hacía poco y todavía nos duraba algo respecto a ella adentro.
Matan a Mariano Ferreyra. Llamo consternada (¿o le mandé un mensaje de texto?) a quien era mi novio en ese momento "Mataron a un militante del PO". Claro, mi (ex) novio no era ni militante ni cerca, pero yo teníaa que decírselo a alguien.
Tomo el 53 bastante angustiada y consternada.
Llego a Puán: todo era extraño.
Entro a cursar a Boquitas (el Aula 3, como le decía yo en ese momento, pues ese es el número que le corresponde pero será por siempre Boquitas), a un teórico repleto, con gente en el piso. Y en medio de la clase, entra un compañero a hablar. Entra Ale. Su angustia, su enojo, su tristeza impregnaban la voz, el rostro, las palabras. "Asesinaron a un compañero del Partido Obrero, a Mariano Ferreyra".
A partir de ahí aquel militante asesinado, aquel chico que cursaba el CBC para historia pasó a ser de un militante más del PO a un muerto más por luchar. Un muerto en manos de la burocracia sindical. Su cara antes desconocida para mí y para muchos pasó a ser una imagen repetida en folletos, en murales, en afiches. Su nombre también y empezó a estar en boca de todos. Su muerte nos dolía. Nos dolía mucho.
Si puedo decir "¿qué estabas haciendo cuando asesinaron a Mariano Ferreyra?" es porque siempre sentí que esas balas pasaron cerca de todos los que de alguna u otra manera luchamos. Más allá de la impotencia y la tristeza sentí también miedo.
Ayer no fui a Comodoro Py pero seguí la sentencia. Me sorprendió mucho la angustia y la ansiedad que me producía esa imagen que informaba, desde la página del Poder Judicial, que estaba llevándose a cabo un cuarto intermedio.
Ayer tuve ganas de llorar mientras el juez leía los argumentos y la sentencia. Quince años es relativamente poco pero se puede discutir toda la cuestión de la condena.
Ayer, cuando me fui a Puán (porque ahora tenía que leer poesía allí, en un festival) estaba triste. Estaba con esos nudos que se le hacen a uno en la garganta y en el pecho. Pero no sé si estaba triste porque solo le dieron 15 años a Pedraza o porque habían revivido en mí todas las sensaciones de ese día de octubre de 2010.
Entonces, más que nunca, quise decir: "Mariano Ferreyra presente, ahora y siempre".

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