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lunes, marzo 18, 2013




 las ojeras bajo el soly la misma vereda;
ya no es de mañana
de vecinos en la panadería
con el diario bajo el brazo
ahora en el mediodía
arrastrás cansadas, las piernas
con la resaca en la sangre
las manos que tiemblan de frío,
la cabeza baja como una niña,
pero siempre con el aura
de mujer maldormida
de trasnochada triste,
evasiva

para la obrera enferma
será el hogar
el lugar con el café y la tarde cayendo
y el remedio misterioso de pasar la puerta
sintiendo que el malestar desaparece
que cede la garganta herida
y los pulmones agitados
a medida que el barrio
enmudece a la ciudad
y se siente entre las hojas
el otoño

y el único abrazo será
para la obrera, para la trasnochada
el de la cama propia, tendida
acurrucada bajo el sol de la tarde
entre despierta y abatida
porque de la casa, vas a extrañar
el silencio con el que la calle recibe tus pasos,
la perpetua tormenta de tu ventana
los dos grados menos cada mañana

dicen que es hogar
el lugar en donde está el corazón;
quizás mejor sea decir
que es hogar el lugar
que te devuelve la paz









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