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martes, enero 08, 2013

Hoja en blanco

como una hoja en blanco.
Antes, al principio, allá lejos -tan lejos que casi no lo veo, tan miope siempre- escribía en hojas en blanco por el enojo y la desesperación de sentirse así, de ese modo insoportable -¡insoportable! qué cosa che- que amanecía con la angustia del verano y la autocensura de latido y pensamiento, pensamiento obsesivo y repetitivo y (¿entendemos, ya, lo que estoy diciendo?) cruel, cruel como el mes de...¿el mes de quién? mi pierna, por ejemplo. Mi pierna.
Como una hoja en blanco abro esta página por culpa de el eco en mi cabeza que no para de recordarme aquel sueño de la otra noche. El sueño de las aulas y las manos y el silencio. Siempre que en sueños se aparece ese cuerpo y sobre todo ese nombre (porque creo fervientemente que con el tiempo solo quedó un nombre y el resto se llenó de mito) despierto cuestionándome el por qué de dicha aparición. Y siempre llego a la misma conclusión: porque ayer saqué el tema, porque ayer lo nombré, porque ayer me acordé de qué, etc.
Después vuelven los parecidos y encuentro el nombre en una sonrisa y si me pongo a pensar, de nuevo las analogías. Después vuelvo a escribir para sentir que es verdad lo que dicen las canciones y la sabiduría popular, y que también es verdad -aunque sea en parte- lo que me desesperaba tanto de tan chica y tan nueva. Y hasta puedo terminar escribiendo un poema. Otro. Como los primeros. Dedicar un verso como aquellos del inicio de todo. Porque al fin y al cabo, siempre en la lista, primero estará lo que primero estuvo, como una hoja en blanco.



(la primera entrada de 2013 y es esto...)

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