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jueves, diciembre 06, 2012

Diciembre ácido.

Hay caos. Miro hacia el andén, el subte está parado a tres estaciones de la terminal y un par de empleados de la red hablan por lo bajo y caminan rápido. La gente que espera se mira, juega con los paraguas cerrados, una madre nerviosa le aprieta la mano a su hija.
No entiendo qué está pasando pero corre en los túneles el viento que avisa que algo está sucediendo. Se escucha el ruido que hacen los altavoces del subte cuando el conductor necesita hacer un anuncio, se escucha una vez, pasan segundos y no hay anuncio. Pasa otra vez lo mismo. Así siete veces. Me empieza a preocupar no haber traído paraguas (quizás es una tormenta, se inundó otra vez la ciudad, la misma historia), estar llegando tarde al ministerio, que se me mojen las carpetas, que no salgan las tarjetas para la semana que viene y se queden las cinco chicas que quedan sin lo que le prometió la encargada.
El altavoz vuelve a activarse. "Señores pasajeros, informamos que la línea D realiza un servicio reducido entre Congreso de Tucumán y Tribunales por causas ajenas a la empresa". Se abren las puertas del subte pero nadie sale. No sé por qué nadie sale, yo camino rápido, furiosa y recibo un mensaje al teléfono. Mientras revuelvo la cartera buscándolo empiezo a subir las escaleras -la gente me mira- y veo que el agua ya llegó a alguno de los escalones. "Es la lluvia, se volvió a inundar la línea, no sé por qué nadie hace nada con esto" pienso. Encuentro el celular, tengo un mensaje de mi mamá, me pregunta cómo estoy, que está preocupada, que los nenes están bien. Tres hijos, uno de seis, uno de tres, el otro nació en abril de este año. Con veintidós años, tres hijos y los cuida mi vieja mientras recorro los ministerios y hago todos los trámites que el estudio me encarga. Después, a la noche me voy a la facultad y los veo con suerte dos horas o tres por día. Me resbalo tratando de responderle que qué bueno que los chicos estén bien, pero que no entiendo la razón de tanta preocupación. Haciendo equilibrio para que no se me rompa el taco del zapato logro agarrarme del pasamanos y decido llamarla. Me habla de una nube tóxica en el centro. De que están evacuando las oficinas y las estaciones y que el subte no llega a las terminales. Claro. Empieza a tener sentido lo que pasa. El subte no llega a las terminales porque hay una nube tóxica. Me da un poco de risa. Le digo que es una paranoica, que todos son unos paranoicos y que no jodan, que si yo no llego al ministerio las cinco chicas van a cobrar una miseria y se viene navidad, y ni para el pan dulce. Le corto, subo las escaleras y empieza de a poco, con la humedad, el olor. El murmullo se queda abajo, en el andén (no entiendo por qué la gente no sale de ahí, como si estar bajo tierra fuera seguro, no entiendo, no entiendo) y arriba la tormenta hizo de noche la mañana. La oscuridad y el silencio imitan al apocalípsis que de chica mi vieja me leía en la Biblia y me río sola ¿era así lo que me contaba o no? ya no estoy tan segura, ya no tengo tiempo para detenerme a pensar. Estoy lejos del ministerio, ahora me doy cuenta de que me tendría que haber tomado otra línea, pero igual no hubiera llegado porque también estaba con servicio reducido. Salgo a la superficie y el ambiente está amarillo. Me acuerdo del año del humo, esto huele peor, como a basura y a escape de gas. Desde la ventana -cerrada- de una casa me mira pasar una señora, yo sigo apurada, me estoy empapando, el ministerio seguro va a estar evacuado, las chicas no van a cobrar los seiscientos pesos, las carpetas están húmedas, el taco del zapato derecho está por salirse y no tengo un mango ni para comprarme un par de ojotas, está todo cerrado, está todo oscuro, está toda la ciudad vacía y parezco la última sobreviviente. Me acuerdo de la locura del fin del mundo predecido por los Mayas y fantaseo con que todo sea real y que la hayan errado por unos días, nomás.
Si el mundo se terminara ahora mismo, ¿tendría que pensar en qué quiero hacer? ¿tendría que pensar que quiero abrazar a mis hijos -el primero lo tuve a los 16, es terrible- y morir junto a ellos? ¿Hacer lo que nunca hice, decir lo que nunca pude?.
No quiero estar con nadie. No quiero abrazar a nadie. Quiero que las cinco chicas puedan cobrar lo que les prometió la encargada -¿pero para qué si se termina todo?- y puedan brindar con sidra y pan dulce y para eso tengo que llegar al ministerio. Corro, cruzo las calles por la mitad de la cuadra, si total los autos están estáticos y los colectivos no pasan. A medida que me voy acercando al río se hace más fuerte el olor y yo sigo corriendo eufórica y anestesiada y casi ya no puedo ver nada, el ministerio está en frente del origen de la nube tóxica pero puede que encuentre a alguien, me cuesta respirar y me arden los ojos, nos invade la muerte, los jinetes del apocalípsis y yo sigo trabajando como si nada, corriendo como si nada, el ministerio está ahí, está cerrado, el de seguridad, desde adentro, me hace señas de que no puedo pasar, que está cerrado y me señala la tele, las placas rojas hablando del horror, del fin del mundo, la lluvia que cae más y más fuerte, ahora me tengo que volver, no hay subtes no hay colectivos y yo en el ojo de la tormenta, en el centro del infierno, con cinco carpetas llenas de documentos pasadas por agua, con el zapato roto, con los transportes parados como si el tiempo no corriera. Tendría que volver al subte, o encontrar un taxi en algún lugar y llegar a lo de mi vieja para tranquilizarla, para darle el almuerzo a los chicos. Tendría. ¿Por qué "tendría"?
Pero me cruzo a la costanera y me meto en la nube. Y me quedo ahí, sentada, sola, mirando el Río, con los fantasmas atrás, con la ciudad bulliciosa enmudecida, con el día hecho madrugada, con la lluvia arruinandome los papeles y el celular y me pertenece toda Buenos Aires porque soy la última en la calle, la última en sus calles y sola, sola por primera vez, sola con la muerte, sola y mía de nuevo, de una vez y para siempre.

3 comentarios:

Brian Janchez dijo...

Muy lindo. Ayer fue un dia espantoso. espantoso espantoso y mil veces espantoso.
Brian.

Un desvarío por jueves dijo...

está genialll

belén.- dijo...

volvió mery. con todo.