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domingo, octubre 28, 2012

Hechicería


Abriendo archivos que estaban en el escritorio de mi pc, encontré dos que había olvidado haber escrito. Ambos hablan de lo mismo, uno en prosa -impublicable, quizás, pero maravilloso y honesto- y el otro en verso. El que aquí publico es uno de ellos. Data de mediados de mayo.



Quiero escribir en versos
todo lo que escribo en cartas
que perpetuas esperan,
cerradas, vedadas
atadas en el fondo
de un cajón oscuro,
censuradas.

a ver si en versos puedo
lavar mil veces las verdades
sacarles la brutalidad innata
desteñirlas, borrarles la grosería;
hacer más sutil ese placer
que viene detrás del gozo
quitarle la ira al odio
que proviene de saber
que en todos esos rincones
se sigue ocultando
un poco
demasiado
la certeza de que
uno y uno
son un otro
que solo se alcanza
sumando un rato

yo con mi silencio
(yo,
me digo yo,
me hago visible)
estoy hablando,
estoy riendo,
saboreando
el tener el alimento
para aquel desnutrido
sediento
que en sus pupilas de niño
refleja, fascinado,
el constante movimiento
y luego agradece
y miente
(o me deja ganar)
y pide el cariño
-un beso, un abrazo, aliento-
que solo una madre
puede dar.

finalmente, lo sé
voy a creer eso que se dice
en las horas enloquecidas
en las que todo se desparrama
voy a creer que las palabras
que en otro lugar enrojecen
son una verdad innegable, otra más;
algún día alguien guardará en mi bolsillo
una moneda
y yo cómplice le acariciaré la cabeza
y me ovillaré de mi lado del campo
después iré poniendo capas
y capas y capas
a lo que sigue temblando
y me voy a conformar
sabiendo que a pesar
del río inmenso de ese roce
y de que de todos los terremotos
siga siendo ese el mejor
hay un mundo
-el mío-
 repleto de ríos
y de sismos
-quizás sí-
menos violentos
y que en el mundo
del otro
la fuente
soy yo.

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