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lunes, septiembre 24, 2012

Satán

llamarte en silencio
en la mitad de la noche
dulce, dulce plato helado
que devoro como caricia
vengadora y cínica
cuando invoco tu voz, tu llamado
tus invitaciones insanas
para la repetición de lo perpetuo
la salida más simple, 
la solución insensata
con tu cuerpo pequeño en el recuerdo
los brazos cerrándose
alrededor de tu pecho
los jadeos que son historia antigua
suplemento para toda la ira:
¡con tu lengua, limpiá mi llanto
deshacé con tus manos mi soledad
y atá con tu amor brujo
este cuerpo vejado,
que no para de temblar!
Diablo de carne, demonio sangriento
te rezo plegarias en la oscuridad
para que te filtres un poco,
alucinógeno,
como el sol,
y me inyectes la justicia
-y después, la culpa-
que solo vos sabés inyectar.


1 comentario:

Pablo Schipani dijo...

¡Bravo! Cualquier elogio es poco, me gusta el poema, demasiado.