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miércoles, septiembre 12, 2012

Printemps

Está llegando la primavera, las mañanas de sol, ese leve calor. A diferencia de lo que le sucede a muchos, la melancolía, la nostalgia, no me invade tanto en otoño o en invierno como sí en primavera, a medida que va llegando y el calor se me va instalando en la piel. Hace unos días vengo pensando que en menos de un mes cumplo un año trabajando acá.  Al mismo tiempo, con la toma de la facultad de ayer, se me reactivaron en la memoria pequeños detalles de la toma de 2010. Dos años, dos momentos diferentes marcados por dos hechos disímiles coincidieron en mi memoria para despertar viejos recuerdos, viejos soles.
Hace dos años se tomó la facultad, en vísperas de mi cumpleaños número 20. De esa toma recerdo mis primeras asambleas, esa lluvia terrible que me empapó al salir de la del lunes 13 (y los colectivos que no paraban y yo gritando en medio de la avenida Rivadavia), las mañanas en las que me quedaba hablando con la gente de la 144, el patio más empapelado que nunca, los cantos, las movilizaciones. Me acuerdo mucho del sol de las mañanas. De esa asamblea del día de la primavera que cortó la calle. Hace poco comprendí que el 2010, al menos en su primera mitad, fue una de las épocas más felices de mi vida, pero que en su  momento no me di cuenta. Hoy por hoy lo entiendo. La segunda mitad trajo sus problemas, sin embargo el sol y la emoción que me causaba esa movilización impresionante me causaron ciertas alegrías que había guardado un poco en la memoria. Empecé a trabajar recién para el final de ese cuatrimestre, así que mis días eran de una libertad absoluta, de un vagar sin tiempo que me cuesta recordar como lo llené. Para ese tiempo comencé a ir a la biblioteca en la que hice volutariado por casi dos años y que hoy ya no existe. Las tardes de jueves en el sótano llenándome los pulmones de polvo pero rodeada de libros que clasificaba y restauraba con todo el amor del mundo son un pedacito de esa felicidad. Creía haber encontrado mi lugar, pero con el tiempo las cosas se fueron desvaneciendo y las horas sobrecargándose. Luego trabajé en el taller de costura que se encuentra en el mismo edificio que la bilbioteca, a ayudar en el comedor, a asistir a las marchas, entre otros etc. Pero así llegó el 2011 y si me adelanto un poco, me encuentro con ese fin de septiembre, principios de octubre, en el que llegué a esta agencia. Me acordé hoy, escuchando System of a Down en el mp3, ya que mis primeros días acá coincidieron con el recital de dicha banda.
En dos años cambió lo suficiente mi vida como para que pueda considerarme, un poquito, otra. Pero no demasiado, solo un poquito. Y sin embargo, con esta primavera y esta toma siento que el tiempo no pasó. Siento que las máquinas del tiempo son esto, las repeticiones y las estaciones cíclicas. Y los árboles floreciendo, el calorcito en la piel, los días más largos, las mañanas de sol.

3 comentarios:

Brian Janchez dijo...

el otro dia fui a una charla donde hablaron de un cuento de bioy casares que no lei (bah, no lei nada de bioy) y que era sobre un grupo de gente que armaba una ceremonia. el tipo que daba la charla hacia incapie en la repeticion de esa ceremonia y como, de cierta forma, los tipos paralizaban el tiempo.

puede ser que un "poquito" sea poco, pero darse cuenta y tener conciencia de eso, para mi, siempre fue mucho.

y si, la primavera garpa. aunque el otoño tiene su encanto un poco mas doradito.
Brian.

canastita de carne con champignion dijo...

Precisely

Nosubject dijo...

no te das una idea de como te entiendo.