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lunes, agosto 20, 2012

se va el domingo

la noche de un domingo, la madrugada de un lunes y yo que no me puedo sacar de la consciencia esa idea un tanto punzante que arremete cuando veo tu nombre cayendo de mi boca con tanta constancia y todo aquello del mundo tuyo empezando a plasmarse en el mío. Y mi cabeza como un disco rayado advirtiéndome que ya me advirtieron todo. Mi insensatez hundida en un río en plena crecida, caudaloso y rápido, siendo arrastrada por la corriente y desconociendo el puerto. En las orillas siguen gritando: ¡Cuidado, cuidado! pero yo me hundo más y más y me dejo rozar los pies por las rocas y raspar las piernas por las algas filosas mientras la única imagen que se figura en mi mente son tus ojos menguantes -¡ay! como si- tu ojos sostenidos en mi mirada, todo tu cuerpo, tu voz y tus palabras, y ese vacío -quizás lo peor, lo que más enojo causa al surgir- que siento si vos no. Sentir, decir sentir. Lo emergente.

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