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jueves, agosto 30, 2012

Quebré mis dedos entintados
tratando de decir
que me quemaba
que ardía por dentro

Pero realmente, ¡no pude!
poner en verso la tortura
que me causo al inyectarme
una y otra vez
las sombras de las palabras,
de los recuerdos,
de las historias.
El latir horrible,
el estómago revuelto
¡la náusea, el miedo!
a causa de los inevitables cuerpos
que se deslizan por los pisos
y se agolpan en los pasillos
y de los brazos que al rozarme gritan
que fueron tuyos, abrazos
con esas bocas abiertas
y esas piernas hambrientas
con las voces que te maullaron al oído
y los ojos que te marcaron la espalda
dormido

te mato para borrarte
de la carne los gemidos
y el sudor de las manos
y para ver que tu sangre
es tan roja como la mía

que también me mato
pero para alargar mi vida

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