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jueves, agosto 09, 2012

Escala de grises

Abro los ojos: el mundo, tan otro. Nosotros (vos y yo, en realidad) tan otros y sin embargo idénticos; en este tiempo, el detenido, eterno, el invertido, nos definimos bajo el nombre de lo que no tiene nombre. Aquellas palabras vacías que nunca alcanzan, y los casilleros inútiles que no nos quedan ni grandes ni chicos, simplemente no nos ajustan, y los conceptos burgueses como la culpa. Y es que posiblemente estemos hechos para habitar la tierra gris que no es blanca ni negra, el amor que no es amor ni toma otro nombre. Decirnos las cosas con los clichés usurpados, contar nuestra historia con el guión de mil películas apropiadas, y cantar versos de canciones ajenas, propias. Un collage de la cultura que nos vio crecer y nos dio lengua, del universo común que nos acogió. Ser, no lo indefinido, sino lo que escapa al lenguaje y a las celdas; manejar un tiempo que escapa a sí mismo. Al fin y al cabo, una existencia difusa, de mímicas a través del vidrio, la cercanía y luego la distancia. Y sin saberlo, en el eco, cualquiera, podrá decirle al otro: "no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa" y quizás terminemos asintiendo, dejando el libro en la repisa, y repitiendo los movimientos en la eternidad.

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