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viernes, julio 20, 2012

En enero, principios de enero para ser más específica, escribí un cuento para un concurso literario. Un cuento lindo, bastante largo, distinto a los que solía escribir. Lo guardé por seis meses y en estas últimas semanas intenté hacerme recordar el imprimirlo y llevarlo a donde lo reciben, dado que el concurso termina el 31 de julio. Hoy, con esas intenciones, reabrí el archivo. Ya me había tomado el trabajo de leerlo y corregirlo la semana pasada, ahora solo lo tenía que imprimir. De repente, en una iluminación (decir "iluminación", "iluminaciones" siempre me hace pensar en Benjamin. La puta, ¿por qué te mataste?) me di cuenta de que tenía que chequear el tema de las bases y condiciones. Bueno, ahí vi que el límite de caracteres -espacios incluídos- era de 7000.
Ir a Word, contar palabras.
Trecemil y pico de caracteres. La concha de la lora.
Ahora tengo dos opciones: o resumirlo... cosa a la que me niego, o escribir un cuento nuevo. En eso estoy. Pero lo único que me sale es ganas de plagiar a Borges. Porque la candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió...

3 comentarios:

Brian Janchez dijo...

deberia saber en donde trabajas para saber si lo que me dijiste fue un piropo.
saludos
brian.

Brian Janchez dijo...

ah, y lei tu blog un poco, en especial los post dedicados a Braian. Y subi el cuento aca al menos.
brian.

José A. García dijo...

Está de moda plagiar a Borges, y, además, no creo que nadie se de cuenta de ello.

"¡Resumirlo nunca, reescribirlo jamás!" Si, suena a título de película yanqui, ya lo sé.

Saludos

J.