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jueves, mayo 24, 2012

Los frutos inútiles

así
ves
así
pasan las nubes,
así
hace frío,
llueve
en mayo y dan frutos
los árboles
tus árboles, los míos
los nuestros
que nos dieron balas para la guerra
porque hasta en la paz
eternos contrincantes,
en el sexo, la alegría, la risa, la pasión
y quién amaba más al otro
y tristemente gané yo
de todas las batallas,
la única en que vence el perdedor
porque acá, con la victoria
no puedo hacer nada,
porque uno acumula todo el amor
y después empieza a derretirse
a manchar el piso
a irse
a irse
como se van los ríos y los pájaros
como se mueren los viejos
y eso es tan trágico como seguir amando,
sentir como la última estrella
se apaga y solo queda el recuerdo titilando;

los laureles están marchitos
y el oro no sirve para comprar
las veredas con nuestros pasos,
con las carreras por alcanzarte
atacarte con juegos
el oro no va a darme otro segundo
de guantes blancos vueltos negros
ni de tu cabeza o la mía plagadas de restos
de esas bolitas pequeñas,
violetas
y de hojas moribundas
y de pedacitos chiquitos de lluvia
que se nos pegaban los viernes
en la lana de los tapados
y en tus rulos despeinados
y se te enredaba en la barba roja
y a mí un poco en las pestañas
en las pestañas que ahora
también tienen lluvia
y la garganta esa bola de fuego
que algunos llaman angustia

yo a esto le llamo memoria, quizás
solo eso,
visiones fuera de lugar
(¡los árboles!)
cuando paso sobre un colectivo
y comprendo que entre el otoño y el invierno
entre la lluvia de un jueves
disfrazado de viernes
entre mayo, mayo
-y qué locura tanto,
ya tres años-
estamos nosotros, eternos niños
persiguiéndonos entre risas
jugando a alargar el tiempo
y a querernos un poco,
y después el resto.

(y ahora)
comprender
que las estaciones siguen pasando
y nosotros
sin nosotros
ya hace tiempo nos hemos desmoronado.





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