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miércoles, marzo 07, 2012




Me declaro incompetente para tanta tarea, yo no puedo caminar ni esperar ni dejar de vivir. No sé irme, respirando o muerta y no quiero quedarme, pero solo me sale estar enraizada en este suelo hostil del que no me puedo soltar. No importa lo que diga la literatura, los árboles no caminan y yo me transformé en un sauce llorón enfermo, con savia que deja marcas en la madera ajada y con hojas que se sostienen frágilmente. Soy un árbol que escribe mucho y mal, que no puede encontrarle título a nada quizás porque no sabe donde dejó su identidad, que devora las esperanzas nuevas -las que son planetas recientemente descubiertos, chances apenas nacidas- y luego las vomita con asco y terror, desnuda en el suelo helado de un baño.
No tengo las claves de la felicidad, tampoco aprendí a morir. Todo mi egoísmo se desvanece frente a mi empatía; quedará ir consumiendome acá, lentamente, donde estoy, aunque todos sepamos que mejor, es quemarse de repente.

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