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miércoles, marzo 28, 2012

Me atraviesa tu lengua, me robaste la mía. Cada palabra hace eco de las tuyas y es mi discurso el que no cesa de retomar tu discurso. Cuando digo el que dice sos vos a través de mí, y cada uno de mis enunciados tiene la marca de tu paso por mi cuerpo. Para dejar de sentir que en mis letras vivís solo puedo reducirme a callar y condenada al silencio, a la peor de las condenas, solo se ven las líneas del contraste, de esa negatividad a partir de vos, el otro lado de la moneda que por no decir valida ese lenguaje invadido para siempre por otras voces que no es más que una. No hay tragedia mayor que encontrar en los puntos, en las comas y en la entonación incluso todo ese universo que no es mío o no era, esa inyección que el tiempo se encargó de hacer correr por mis venas, virus inoculado que llena de lo ajeno -que se apropió de mí- cada una de las emisiones que pretendo gritar. Y no puedo. Ya no puedo hablar sin hablar de vos, porque no es tu nombre el que llama al frente a tu presencia sino todas esas pequeñas costumbres y formas, modos, léxico. Se dibuja tu silueta con cada letra y con cada pausa, ya no tengo idioma que no te nombre, no existen en mi voz ya espacios libres de tu esencia; identidad robada la mía, que ni en mi propio campo puede desplegarse. Soy eslava de mis palabras porque no son mías. También soy esclava del silencio.

3 comentarios:

.Fémina. dijo...

Doloroso y ardiente. Al principio del texto, me imaginé una lengua atravesando un cuerpo, literalmente. No pensé en el lenguraje, no pensé en las palabras. Sólo en una lengua adentrándose en otro cuerpo, para bien o para mal, ahora que lo pienso, eso mismo hacen las palabras de aquéllos de quienes estamos sedientos.

Agost dijo...

tus escritos tienen el don de la empatía

Helen dijo...

es muy hermoso, lleno de profundidad y ardor