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lunes, enero 02, 2012

Reflexiones sobre el tiempo que arremete

Pura reescritura. Cuatro meses, cuatro años y el ciclo que recomienza; me derretí en la inmensidad de toda la historia y cuando volvió mi masa a ser cuerpo, el molde era otro. Me miro me toco me siento me olvido: recurrí a mis palabras y se desarmaron, formaron letras desparramadas que dieron lugar a palabras nuevas. ¿Quién soy? Nunca lo supe, nunca fui hasta que me invadió el veneno. Y luego fui otra, cuando el veneno cambió aunque fuera el mismo. Ahora el tiempo tan vil y siempre creador de distancias se rie de mis repeticiones que no son tales. Porque en realidad, todo ser es único. Más únicos algunos. Lo vivido se amplifica tan vasto como es, cubre mis llanuras, mi territorio. Cuando no se puede huir, ya, es cuando uno comprende el peligro de las invasiones silenciosas y dulces. Hay un imperio en mi espiritu; imperio gigantesco y poderoso. Cuando la sangre dura tanto tiempo sobre el rostro de los cadáveres sonrientes y petrificados, cuando el aire invade por eternos años los mismos pulmones no queda más que el terror y que las fuentes de infinitas creaciones circulares. El miedo a lo inabarcable, quedan cortas las miradas y extremidades. Por supuesto, también queda el cálido rubor que se sigue expandiendo, el temblor azorado y la palabra que miente porque nunca dice lo que realmente es. Lo único que desaparece es el ser, bajo el peso del poder implacable. Y la seguridad de pertenecerse.

4 comentarios:

El Poeta Maldito dijo...

En mi espíritu también hay un imperio.

Me encantó.

zapatos rotos dijo...

tus unicos algunos, imperio gigantesco :)

SDF dijo...

No podés repetirte, plagiarte, igualarte. Porque no importa cuántas veces reinventás la rueda si antes era cuadrada y ahora es redonda. Sería imposible vivir sin poder, de vez en cuando, volver a depositar nuestros pies en las antiguas pisadas que dejamos. Ya que son los recuerdos de lo que sucedió lo que envenena, lo que tortura. Y de a poco nos convertimos en la Persistencia de la Memoria de Dalí, y de a poco dejamos los límites del molde para ser nosotros mismos...

Quappi dijo...

escribís cada vez mejor, mery!