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lunes, enero 30, 2012

Diario de un viaje propio, día 3

Empecemos por el final del día de ayer: en cuanto posteé la entrada anterior, me acosté en la cama. En un mal movimiento me gané un molesto chichoncito, a causa de un golpe con la mesita de luz. A la hora, buscando unas cosas, me doy dos golpes, uno a cada lado de la cadera, con una ventana que abre hacia adentro. Insulté a todas las ventanas de ese tipo.
Finalmente, salí a comer. Llegamos a una pizzería, excelente atención pero horrorosa pizza. Finita pero no crocante, una cosa desabrida y triste. En fin.
El día de hoy básicamente fue sufrir mucho calor (aunque se anunciaba lo contrario, por lo que mi ropa no era la más fresca del mundo), visitar una brigada aérea y su museo, subirme a la cabina de un avión de guerra y ver como uno levantaba vuelo a metros de mí. Ah no, cierto que eso no pudo suceder porque cuando iba a volar, se detectaron problemas técnicos y se abortó la misión.
Mi mal humor persiste, descubrí que -para colmo- aquí ya casi no quedan librerías. Almorcé un sandwich demasiado grande para mi boca a las 4 de la tarde. Las horas pasan lentamente y toda esa historia. Lo genial de este diario es que nadie parece leerlo, quizás recupere la esencia de los diarios de vieja usanza, jajajaja.
Creo que no estoy recordando lo que sueño, aunque también creo que sí. Acabo de descubrir que con este modem puedo mandar mensajes de texto, pero realmente no me interesa. Dato de color: entre ayer y hoy recibí varios mensajes, no sé si eso baja o no mi nivel de foreveraloneidad pero fue un cambio respecto a los otros días. Y blah blah blah, me la paso con sueño. En serio, hace mucho calor, no puedo parar de repetirlo.
Sin más que acotar, pero con el estómago haciendo misteriosos ruidos, me despido. Sigan sintonizando el canal para más aburrimiento y amargura. OH SI.

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