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domingo, enero 29, 2012

Diario de un viaje propio: día 2

Estoy escribiendo en una computadora sin mouse. Estoy por entrar en crisis.
Luego de este comentario, empecemos con el relato de mi viaje. Me encuentro a 800 kilómetros de mi casa, resfriada o algo parecido. La cuestión es que mi fosa nasal izquierda, sobre todo, está muy irritada y he gastado más pañuelos de papel en estos días que en todo mi año pasado.
¿Dónde estoy, más específicamente? (además me llora el ojo izquierdo, como si necesitara que me llorara un ojo, para colmo) Estoy en San Luis. El último verano que vine a San Luis (que no fue la última vez que estuve aquí, pues eso fue un invierno) era el primero de mi vida que pasaba en pareja con alguien. Hoy, cinco veranos más tarde, es el primero que paso en pareja con nadie. Es decir, sin pareja alguna. De todos modos siempre me refiero a estar en pareja como un estado y no como una compañía durante el viaje, porque realmente en esos viajes siempre estaba con mi familia. Este no es la excepción. Este es el primero en que -el primero no, pero el primero en que no me perdonaría que mi decisión mental no fuera a cumplirse- dejo asentado que es el último que vengo con mi familia. No porque no los quiera, sino porque desde ayer, en la ruta, me vengo preguntando qué demonios estoy haciendo y como mierda no voy a volverme más una ostra sudorosa y malhumorada aquí si realmente no voy a tener mucho con lo que "distraerme". En fin. Volvamos a hace cinco años atrás: en ese verano, en la misma casa en la que hoy estoy escribiendo esto, leía por vez primera en mi existencia Rayuela. El resto es historia.
Respecto al viaje que hoy me compete, veremos los detalles hasta ahora: largo trayecto en ruta, dos pares de lentes de sol alternados en ese trayecto (?), sentirme identificada -y estar segura de que ello es caer muy bajo- con una canción de Ricky Martin, llorar con Laura Pausini, terminar de leer un libro que apenas había comenzado para el comienzo del trayecto y arribar a la capital de San Luis alrededor de las 20 horas.
Hace mucho calor. Hay mucho sol. El wifi puntano para todos es casi una mentira, o al menos yo esperaba señal en todos lados y no, para tener señal hay que pedirla. Ilusa, yo. Ahora levantó viento, espero que eso sea una buena señal. Hoy comí asado (es decir, ensalada y riñones porque soy una rompebolas). Acabo de ver programas en History Channel. Decidí hacerme un tatuaje en cuanto llegue, tatuaje que seguramente no vaya a hacerme de todos modos. Decidí teñirme el pelo de algún color extravagante, lo que vendría a ser, junto con el tatuaje que-no-voy-a-hacerme una versión moderna, patética y devaluada del "coping with loss".
En otro orden de cosas, ayer escribí una pequeña prosa sobre una laguna, otrora gemela de un espejo, actualmente un arenero seco como lengua de camello.
Cada segundo que pasa me pica más la nariz. Y me arden más los ojos. Pero esto recién comienza ¿sólo puede mejorar?.


Hay que mirarle el lado bueno: este viaje es gratis. Y bien por mí, no tengo un mango. O no sé que tanto bien por mí. En realidad no tengo la más puta idea de nada, not anymore. Ni por qué sigo escribiendo acá.
Resumiendo: world, go fuck yourself.

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