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domingo, diciembre 11, 2011

Perla negra

Musa, la primera;
reina del averno,
luz de la tiniebla
atada allí,
en el más antiguo tiempo;
rostro visible y límpido
del mayor de mis tormentos:
sos el primer verso
de mi primer llanto atroz,
de la confesión que asumía
del más grande crimen,
toda culpa:
hallarse perdida y por fin gritarlo,
saberse adormecida
por el narcótico letargo
del latir que se siente fresco
en el cuerpo que no tiene huellas,
que hace manar la sangre
de las heridas de la piel tan nueva
que solo ostenta aquel dolor,
-brillantes espejos rotos-
penar que vale por todos los venideros
y por esos que de otra vida, son ecos.

Destinadas al infierno,
las Elisas de pecho abierto
vagarán por siempre
por los bosques,
por los ríos
los caminos
de la condena eterna
a la que alguna vez
con gran furia, nos atamos
con espadas, sacrificios
y con aquel fuego sagrado
de quien maldice
el abandono,
la desidia y el desamparo.

No queda para ellas,
para ellas que somos todas
más que asirnos a hombros muertos
y observar pasar en trágicas horas
a quien el mar y los cielos negros
llamaron para cumplir destinos
de los que no éramos juez ni parte,
de los que no seríamos testigos

y así nuestro ardor incesante
en el recinto de ríos de fuego.
tendrá a la gran musa por vigilante
pues ella es allí quien reina en el cielo


2 comentarios:

JOAQUIN DOLDAN dijo...

bellas poesias
gran blog

Reptile dijo...

Me pone un poco colorada lo que pusiste en mi blog.
Acabo de reparar en que eetiquetás tus poemas como "versos de poca monta" y pensé "qé irónico". Me gusta tanto leerte!