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lunes, noviembre 07, 2011

La venganza de Villa Lugano

Hace ya dos largos años, un día de frío y lluvia pisé por primera -y, creía yo, última- vez el barrio de Villa Lugano. Era época electoral y al cruzar una de las autopistas, el colectivo en el que viajaba (un 107) se cruzó con un camión repleto de hombres que con bombos y cantos, reivindicaban al General y arrojaban panfletos por el aire.
Al arribar a Lugano, creí estar en una película: Edificios altísimos, que parecían flotar sobre locales abandonados; paredes, pisos y boulevares cubiertos con esos panfletos que el camión soltaba al viento. El cielo plomizo, la llovizna tenue y penetrante, el frío y por sobre todas las cosas, la desolación: nadie en las calles más que algún colectivo iniciando recorrido. Los árboles desnudos, los senderos sin pasto, el silencio. Sentí que me encontraba en un espacio surrealista, en una escena apocalíptica.
Nunca más había vuelto a Lugano; nunca más necesité hacerlo. Las imágenes de ese día, vívidas, se mantenían en mi memoria como salidas de una escena de ficción, entre poética y escalofríante.

Hoy tomé en Once un colectivo: el 7. Venía de perder el 5 (el que terminaba en Lacarra ¡oh, mi lugar de destino! y no en Piedrabuena) y apenas lo vi venir, subí y saqué boleto. Claro que el 7 tiene dos recorridos, pero yo lo ignoraba: me senté a esperar el arribo a Parque Avellaneda para allí bajarme.
Luego de un largo recorrido, el colectivo pasa Plaza de los Virreyes (ahora Tupac Amarú) y continúa por Avenida Eva Perón. Esperando que doblase en alguna de las calles previas a Lacarra, observo como pasan los edificios y los comercios.
El colectivo no dobló en Lacarra.
El colectivo se topó con un nudo de autopistas y recordé, entonces, mi primera experiencia en Lugano: para llegar, habíamos pasado un puente, cruzado autopistas, y allí nos habíamos topado con el camión.
Pero no desesperé: "seguro da la vuelta" pensé.
Veo como se encuentra, cada vez más cerca, la torre del Parque de la Ciudad. Diviso el Deportivo Español y comprendí que no sólo estaba adentrándome en Lugano, sino que el colectivo no parecía dar la vuelta. Dejo pasar unas cuadras y observo un cartel: UTN. Sí, eso era Lugano.
Le pregunto al chofer si volvía a Parque Avellaneda y me dijo que no, que ese era otro recorrido.
Fue entonces que me bajé ahí mismo y esperé el colectivo que me llevaría, de nuevo (porque ¡no sé salir a pie de Lugano!) a Avenida del Trabajo y Laguna, y ahí, caminar hasta Lacarra y Directorio.

Eventualmente, llegué a Lacarra. Pero detrás mío, reía de mi despiste, Lugano.

2 comentarios:

GTyP dijo...

2 cosas:

1)Menos mal que no se te ocurrio salir a pie de Lugano

2)Esto no es un cuento si no hay un choripan en la trama. No señor.

Tunnard dijo...

Mirá tan solo dos semanas después de que me pasara lo mismo en el 7.