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jueves, octubre 13, 2011

On Escandell Vidal

(María Victoria se llama Escandell Vidal ¡¡qué loco!!)

Leyendo un texto tan interesante como es esta introducción a la pragmática de la autora antes nombrada, llego a una serie de conclusiones. Por un lado, reafirmo mi deseo de dedicarme a la lingüística: es infinitamente apasionante, interesante y por sobre todas las cosas, el material de estudio es tan fácil de hallar como lo es respirar.
Por otra parte, uno se vuelve -como se advierte al final del capítulo 8- un tanto paranoico sobre el lenguaje en cuanto a parte de las relaciones sociales. Y sobre todo, al lenguaje como estrategia. La cortesía desenmascarada (de la que todos somos conscientes, pero que muchas veces pasamos por alto, naturalizamos, etc.) se vuelve un objeto claro, presente, evidente. Y cada palabra, cada enunciado deja de ser una mera sucesión de sonidos y significados, para pasar a ser una treta. Todo lo que decimos se vuelve una pieza de ajedrez, cómo lo decimos se transforma en los movimientos que buscan el jaque mate. Ese jaque mate no es más que la obtención de los resultados a través de la lengua, de su ejercicio. No podemos desligarnos del lenguaje, nos comunicamos con él y a partir de él manipulamos, hacemos saber.
Hablar no es más que mentir, en cada momento y en cada lugar: porque si no se miente nos transformamos poco a pocos en excluídos sociales. El intento de una buena relación con el otro nos obliga a disfrazar, a enmascarar y a decir las cosas de una manera más dulce de lo que serían si fuésemos todo el tiempo directos, claros, concisos, y todas esas reglas que enumera Grice. Entonces la cortesía tiene doble filo. Y por sobre todas las cosas, siempre (y más ahora, después de leer todo eso que leí) la disyuntiva 'moral' si se quiere entre la cortesía (en el sentido que la pragmática asigna, claro) y los enunciados absolutamente directos se presenta.
La lengua está en el aire. Yo elegí estudiarla, dedicarme a ella. La comunicación se vale de tretas.

Como para no ver, en todo eso, paranoia. Como para no volverse, un poco, paranoico.

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