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domingo, septiembre 04, 2011

prefiero saltar toda la noche como una loca o drogada; revolcarme hambrienta y desenfrenada; elijo correr un colectivo con lluvia antes de esperar el que sigue, caminar por no esperar, porque no hay monedas, porque la llovizna es dulce o el calor es bello o el frío reconfortante. Patear cuadras, salvar las estaciones, ahorrar andenes. Prefiero en el día a día matarlas y en todo caso quizás solo si quiero, someterme a la tortura. Pero para ella -para esa- no estoy hecha, el tiempo corre lento o yo quizás muy rápido. Siempre de 30 decidiré 15 y abandonaré en 12.
Amo subir escaleras hasta el infinito, correr de aquí para allá en recintos cerrados por el simple hecho de hacerlo, pero no me gusta el suelo ni la presión que me presiona sin motivo. Prefiero una ensalada con mucho aceto balsámico a una hora enredada en máquinas infernales entre esteroides y oxigenadas almas. Me gusta la vida como es y los quehaceres que ella conlleva y la fuerza que me exige. Si me lo da la vida, no voy a perder tiempo ni pagar por ello.

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