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lunes, septiembre 12, 2011

Poesía porteña

Hay un ¿chiste? (bueno, a mí siempre me saca una sonrisa) que dice que lo único que puede transformar las piedras en esmeraldas es la avenida Rivadavia.
Pues bien, ese juego léxico y semántico se repite en muchos rincones porteños. Generalmente, la avenida Rivadavia tiene la culpa. Mi favorito se encuentra en Floresta. Es mi favorito porque, por un lado, remite a la literatura. Por otro, es muy sutil (o más bien, es casi para entendidos). Y finalmente, lo encuentro muy poético.
Se trata de la calle Virgilio: al cruzar Rivadavia, se transforma en Dante. Y es Virgilio quien, en la divina comedia, acompaña a Dante en el viaje por el infierno. Y el viaje por el infierno de Dante es casi un homenaje al descenso al averno de Eneas, en la Eneida de Virgilio.
Todo eso condensado en el cambio de nombre de una calle.
Hermosura pura.

1 comentario:

El Poeta Maldito dijo...

Nunca me había dado cuenta de ese detalle.

Saludos.