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viernes, julio 15, 2011

Viernes santo

Mundos extraños, y un viernes a las tres de la tarde se hizo de noche, arremetió la tormenta. Como en esa historia que nos inculcaron a tantos, las cruces, las muertes. Son las tres de la tarde y se hizo de noche. Es un viernes y se hizo de noche y en mi noche falta lo que a una noche de viernes pertenece. Entonces los deseos siempre idénticos de ver las siempre mismas películas para paliar con el tormento de los mismos nombres que no están acá. Como si nunca hubiera cambiado desde que cambié. Días inaugurales de la era que colonizó mis eras. Eras como homónimo del verbo ser en pretérito perfecto, tercera persona, singular, pasado anulado, conquistado, tercera persona que es vencida, singular ad infinitum. Perfectivo que mutó en presente por siempre imperfecivo pero no imperfecto, y de repente las variantes y yo que últimamente, no paro de hablar de verbos. En mi cuerpo, las decisiones, en mis venas el no poder huir.

(de ellas)

Cuando muera, mi epitafio serán palabras. Y en la tumba, también, se grabará mi condena, mi cadena. El abecedario, sangre.

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