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miércoles, junio 08, 2011

Devenados

hablamos de infieles, qué calamidad; y vos hablás conmigo y yo hablo con vos, escandalizados por el escándalo, por el crimen y el pecado. Y vos hablás con la persona a la que le fuiste, y yo hablo con la persona a la que le fui, y hablo con vos con quien fui, con quien fui ¿qué fui?.
Mejor fuimos.
Fuimos lo que no somos, fui yo lo que vos no querés que te sea, fuiste vos pero antes con otra lo que yo no quiero, y de repente me vuelvo hacia el terror al comprobar que si hablás con aquella a la que le fuiste, andá a saber si no me vas a ser con ella, y de repente vos no lo pensás por ignorarlo, pero en simultáneo hablaba con la persona a la que le fui y sé que cuando a veces me preguntás si sé algo más, si charlé ese día, estás temiendo que el mundo se te vuelva karma y que te sea a vos con él todo lo que le fui con vos.
Y la elisión de nombres y de adjetivos, de sustantivos, adverbios por un mero reemplazo de pronombres y difusos verbos es eso: el mismo ocultamiento al que se somete el que es para evitar las llorosas miradas del ese sujeto pasivo que recibe la herida, de ese pobre sujeto objeto que es atacado por un agente sádico, lujurioso, peligroso.
Las elisiones, los silencios, los verbos, todo es el aura que rodea a ese mundo. Mientras tanto, hablar porque para callar, ya no hay nada.

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