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lunes, junio 20, 2011

Amar a un rockstar y morir de sobredosis

¿En qué mundo estás metida
-querida-
que de tanto en tanto te querés ir?
Es la historia estructurada
que querés derrumbar
tu inyección tradicional
a desterrar entre muñecas

tus muñecas se casan de blanco
vírgenes
con zapatos altos
pero no de puta,
sino de nobleza
porque solo deben soñar
con ser princesas

las nenitas lindas
las nenitas buenas
nunca protestan ni levantan la voz
dicen siempre que sí
a menos que deban negarse
entonces dirán que no
se escandalizarán
llorarán entre sábanas nuevas
pulcras,
nunca de seda

"Las mujeres de bien son calladas
las mujeres de bien no son todas
hay que saber serlo"
te contaron en un cuento
en el que te tocaba
ocupar ese lugar

Pero dijiste que no querías
ser todo aquel sueño de antigua madre
incluso decidiste negar tu vientre
a cualquier retoño
abrir tu mente
abrir tu boca
tus piernas
hacerte llamar
loca


y fuiste más allá
"¡esta es la modernidad, mamá!"
le dijiste furiosa
sin huír de casa
ni pegar portazos


Después,
elegiste arrojarte por lo más inseguro
nada de abogados ni médicos ni contadores
vos querías un hombre nuevo, barbudo
que viva la revolución o que al menos
no viva la derecha
que se vista sin trajes,
que no tuviera etiquetas;
volverte con él más pecadora
porque ya no creías en los pecados
ensuciar tu nombre,
ganarte el averno,
escupir al cielo,
y ver el resultado.

Miraste tantas mujeres,
que te empezaste a preguntar
si la verdadera rebelión no era
ser un poco homosexual.

Antropófaga de espejos,
devoraste curvas de nube,
acariciaste anatomías
tan iguales a las tuyas
que creíste
-divertida-
que tus pecados ya eran tres:
no sólo era sexo sin amor ni matrimonio,
no sólo eran mujeres frenéticas sin pudor,
al fin y al cabo parecía
que era también masturbación.


Luego creíste que ya era muy poco
mientras comías de punta en blanco
y lavabas los platos
y hacías tus tareas
y cumplías con las leyes del hogar.
Ya era hora de pasar a otro nivel
en el siglo XXI el sexo es para todos
para todos y todas
la rebelión, mejor,
serían las drogas

te encamaste con cualquiera con tal de fumar
de cualquier pipa, en cualquier lugar
conociste mil tipos de plantas
nacidas de la tierra para sólo alucinar;
le perdiste el miedo a las jeringas
todos los polvos aprendiste a inhalar,
te inventaste así el mejor sueño
morir de sobredosis, al lado de un rockstar.

¡Ah! Pero temías llegar a casa
siempre esperabas la sobriedad para regresar:
te peinabas, te perfumabas,
ocultabas pinchazos,
te volvías a maquillar;
el espejo, tu mejor amigo,
te dejaba tranquila antes de saludar

Pensabas que eras todo:
el sexo, las drogas, el rock & roll;
pensaste que eras punk, anarquista
adicta, nihilista;
escribías versos malos
y te llamabas poeta maldita

Entre tus cuatro paredes despotricabas,
quemabas cruces hipnóticas
mientras tu mami te preparaba el almuerzo,
planeabas la revolución
mientras tu papá te decía qué hacer y qué no.
Besabas a las tías ricas,
le pedías a tu cuñado un puesto en administración,
reventabas tarjetas de crédito ajenas,
y más tarde tenías sexo contra un paredón.

Si hasta no pudiste con las rimas,
cuando quisiste asesinarlas,
si hasta mirabas con ojos de vergüenza
a quien llevara vida como la tuya,
pero sin detestarla,
a quien fuera consecuente
como vos no lo eras
y a quien no era consecuente también
"porque me molesta la gente
que se contradice" decías,
mientras en una cafetería extranjera,
tomabas el té.

Ya llegando al límite,
de tu aburrimiento burgués,
de tus sueños de rebelión,
comprendiste que sólo había una razón
para tanta autodestrucción.
"¡ay de mí, ay de mi dolor,
ay de los males de la modernidad!"
en un mensaje de texto clamaste;
que el mundo no tiene sentido,
que el capitalismo nos tiene dormidos,
que el amor ni siquiera existe,
que no soportabas estar tan triste.

"¡Hay que tomar las armas"
-gritaste para vos misma-
pero esta vez, no habrá revolución"
La única salida entre tanto sinmotivo
era el romántico y viejo truco,
era el tan famoso suicidio.

Las venas no por la impresión,
y las armas de fuego
no se encuentran en cualquier casa,
veneno solo tenía para ratas
y hormigas
y saborearlo le daría arcadas.

Pastillas, pastillas,
pastillas para la nena,
pero tu angustia existencial,
te impedía ir a la farmacia,
abriste el botiquín
en una ausencia parental,
no entendiste ningún nombre,
no había nada que sonara poderoso
agarraste las tres aspirinas que quedaban,
un ibuprofeno de color psicodélico,
unas pastillas vencidas, de efecto dudoso,
cuatro anticonceptivas de tu hermana,
caramelos de propóleo,
y cinco antialérgicos redondos como el sol;
para bajar todo mezclaste
media botella de jarabe para la tos,
con un efervescente para la acidez,
y con otro descongestivo;
le tiraste al vaso un poco
del whiskey de tu abuelo,
algo de vodka de frutilla
y licor de huevo.

"Si esto no me mata
-escribiste en tu blog-
entonces me vuelvo a matar"
Contaste hasta tres antes de tragarte la muerte
pero en el dos, llegaron tus papás.
Insultaste al dios en el que no creías,
a la virgen,
al destino
y a la velocidad de la modernidad;
tiraste todo por el inodoro
("¡no lo vayan a encontrar!"),
corriste escaleras abajo,
los abrazaste;
después te aburriste de nuevo de todo
-no te quedaba nada por probar-
y con el más lindo del barrio te casaste,
por amor "sólo por eso" tuviste tres críos;
por amor a ellos "y sólo por eso"
dejaste tus drogas y tu revolución
"es que es un mal ejemplo"
le dijiste a tu vecina,
en la cola de la carnicería,
mientras ella se quejaban de lo dura
que estaba la economía.
"Pero a vos
-agregó la señora-
no creo que te interese;
después de todo, querida
siempre fuiste una mosquita
de la vieja burguesía"

2 comentarios:

Reptile dijo...

Una postal de actualidad esta entrada suya, vio?

Capitán Gárgara dijo...

Angustia ciber-punk de la clase media.

¿Cómo escapar del tedio, no? Capaz estaba angustiada porque tenía tiempo para pensar.

Me gusta leerte :)

Adieu!