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sábado, mayo 07, 2011

Polisemia sexual

Las definiciones son siempre conflictivas en relación a la sexualidad porque ya vienen 'delimitadas' y al asumirnos como tal o cual cosa, debemos someternos a las fronteras de lo que engloba el concepto dado o construido, y es posible que ese encasillamiento deje afuera a muchísimos matices y variables que nos componen. Por otro lado, también es complicado, a la hora de tomar una posición respecto a nuestra sexualidad o a responder una pregunta, no encasillarnos: si nos definimos bajo un término pre-existente, evitamos millones de preguntas que a veces alargan una respuesta que podría ser sencilla o simplemente, no tenemos ganas de responder en extenso. Es más fácil decir "sí, soy tal cosa" antes que decir "me gusta esto, esto, esto, no me gusta esto, prefiero esto porque esto y en sí lo que soy es lo que soy, ajeno a cualquier definición".
Como estudiante de letras las definiciones me preocupan, quizás por estar interesada en la lingüística: creo que cada cosa que decimos o queremos decir, y la manera en que la decimos dejan visibles concepciones de mundo que llevamos adentro, maneras de posicionarnos frente a la vida, manera de entendernos como personas, tabúes y construcciones sociales que tenemos interiorizadas, prejuicios, juicios de valor, costumbres, educación, pasado. Y también creo que las palabras siempre son poco a la hora de definir un algo, más si ese algo es un humano ¿bastan meras letras para dar a entender lo que somos en su totalidad, con toda la riqueza y conflicto? Creo que no, pero un lenguaje total y perfectamente representativo es imposible, es una locura porque sería eterno y nunca terminaríamos de comunicarnos ni de elaborar conceptos nuevos (como le sucede a Irineo Funes, del cuento Funes el memorioso de Borges). Por eso, para evitar esos conflictos, para tener un sistema básico con el cual interrelacionarnos lingüísticamente con aunque sea una base de armonía, tendemos a aceptar conceptos que, aunque dejen afuera muchos puntos personales, permiten medianamente entendernos.
Muchas veces, los conceptos que tenemos sobre ciertas cosas son puestos en tela de juicio -por nosotros mismos- al encontrarnos con una visión que los discuta, complete, refute: es común ver conceptos y circunstancias desde una vereda opuesta gracias a conversaciones con otras personas o simplemente situaciones límite (o no necesariamente) que hacen que uno se posicione momentáneamente en otro lugar. Por eso considero que las palabras y los conceptos en sí, más allá de ser una sucesión de letras y un significante que contiene significado socialmente dado, modificable sí -a lo largo del tiempo- pero que básicamente suele podar las ramas 'rebeldes', son un plano. Y la vida y las relaciones humanas, lejos de estar formadas por conceptos-plano están formadas por conceptos-poliedro que quizás no encajan en el "concepto" por su infinidad de caras (por eso poliedro sin especificar cuántas caras tiene y no un octaedro, cubo, prisma, por ejemplo) y por la posibilidad de verlo de manera diferente no solo respecto a la cara que se enfoque, sino a la posición espacial en que uno se ubique, la luz, el estar afuera o adentro del cuerpo poliédrico, etc.
Al haber una infinidad de caras, hay una polisemia incomensurable y una chance de enriquecimiento conceptual residente en cada persona; así es que las palabras no alcanzan y nuestras maneras de pararnos frente al mundo y de expresar las ideas o las posiciones que tomamos siempre pueden ser analizadas desde otra vereda o sazonadas con otras formas de sentirse a sí mismo que pueda tener un otro. Quizás a nivel básico todos los bisexuales cumplan con las mismas reglas "gusto por ambos sexos"; pero eso sólo a nivel diccionario y el diccionario es pobre. Si uno se dice bisexual, morfológicamente quiere decir que se interesa por ambos sexos, que se apunta a hombres y mujeres, etc. Pero a nivel profundo no creo en esa identidad especular en todos los bisexuales (o todos los hétero, homo, trans, etc.) sino que es solo una base a partir de la que se construye una forma de vivir, aceptar y proyectar la sexualidad, como más feliz nos haga y con los recursos que hallemos.

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