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jueves, abril 28, 2011

Sueño de una noche de verano

Se ve el patio de la vieja escuela, con su sector a cielo abierto, cuadrado con un mástil en el medio y una galería cubierta en forma de "L", rodeándolo. Las columnas de la galería están cubiertas de protectores verdes, acolchonados y un tanto ajados.
Llueve, pero no torrencialmente. Se trata de una tenue llovizna persistente, de esas que parecen no caer sino flotar en el aire. El cielo gris oscuro embebe el ambiente del mismo color. La atmósfera es levemente oscura y neblinosa, con esa luz que solo la hora que sigue al amanecer otoñal puede otorgar. Sin embargo, no hace frío. La temperatura no es calurosa ni helada, simplemente templada.
En el otro extremo del patio, en el sector cubierto, una niña robusta espera su turno para comprar en el kiosko. Viste una pollera azul marino y una remera blanca con cuello del mismo azul de la pollera. En los pies, zapatillas y medias blancas. Si bien en el patio parece haber más gente, solo la niña y un niño se destacan, se reconocen.
El niño yace detrás de una columna, la tercera contando desde el kiosko. Está recostado con la cabeza oculta por la columna en cuestión, dejando visibles solo sus piernas, del lado izquierdo. No se distingue si el niño usa anteojos o no, su cabello es castaño y también usa uniforme azul y blanco.
Llama a la niña, que se acerca al lugar. Ella toma una posición idéntica a la del niño, pero espejada: las piernas son lo único visible también, pero sobresalen a la derecha de la columna.
Tímido pero decidido, el niño hace una pregunta: "¿Querés ser mi novia?". La niña instantáneamente responde que no -en voz muy alta, cercana a un grito- con un tono brutal, orgulloso, triunfante, repleto de rencor, de placer y de odio, pero por sobre todas las cosas, cruel.
Luego, se pone de pie y se dirige con paso lento a mirar, triste y silenciosamente, la llovizna.

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