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lunes, marzo 14, 2011

Las reliquias de la muerte

He decidido dejar en stand by un libro de Bryce Echenique (uno de mis autores predilectos) para emprender por segunda vez en mi vida la lectura del séptimo y último libro de Harry Potter. ¿Por qué? No sé a ciencia cierta. En un punto debe ser porque por alguna razón aún no vi la película, porque no me acordaba nada de nada o porque me lo devolvieron y elegí no guardarlo en mi repisa. Me subí esta mañana al colectivo y con la felicidad de tener un pullover encima mío y el mp3 recién cargado, empecé la lectura. Debo decirlo: no puedo hablar de una prosa poética, del deleite de las palabras enredándose, de nada de eso porque tiene una prosa muy sencilla y cotidiana en cierto punto. Sin embargo deseé que el viaje no terminara nunca: no podía parar de leer. Me indigné con la muerte de Hedwig (¡una lechuza!) y casi lloro con la de Ojoloco. Además, me invadió un cosquilleo hermoso al recordar la época en que lo leí por primera y -hasta hoy- última vez: por aquel verano entablaba infinitas conversaciones sobre infinitos temas con una persona. Uno de esos temas era el final de la saga Harry Potter, lo que no nos gustó y lo que sí, los personajes que preferíamos, etc. Ese recuerdo me emocionó, me dio ternura (meses después de ese verano tuvimos una conversación muy triste que abarcaba personajes de la saga)
Tres años después de haber abandonado los libros de Harry Potter, me sorprendió encontrarme tan inmersa en la trama. Me sorprendió imaginarme las capas serpenteantes, las escobas voladoras, los maleficios saliendo de una varita. Sentí como si de repente fuese de nuevo la chica que empezó a leerlos a los 11 años. En algún momento escribí esas románticas fan fiction con una gran amiga, en otro tenía miles de cosas sobre HP (mantengo el calendario perpetuo). Nunca fui el ser más fanático del mundo y fue una etapa que de alguna manera, dejé atrás. Sin embargo, empecé a leer la saga a los 11 años y terminé a los 17, fue como si hubiera cursado de alguna manera en Hogwarts. Y por más que muchos snobs renieguen, yo, como estudiante de Letras, sonrio al leer -o al menos a redescubrir lo que me gustaba hace un tiempo- Harry Potter. Inconsciente el que condene.

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