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domingo, marzo 13, 2011

De continuidades, superposiciones, hojas y algún etc. que en el título me olvido

Ya habré contado alguna que otra vez, sino varias, mi poca idea respecto a la continuidad de los barrios porteños. Ya con el tiempo he ido librándome de esa ignorancia distraída, pero jamás olvidaré mi sorpresa al descubrir, hace casi dos años, que Once venía pegado a Almagro y que caminando por Corrientes se podían atravesar tranquilamente los dos. Sin embargo, hace unos meses, apenas dos, me sorprendí al notar que el Peaje Parque Avellaneda claramente estaba sobre mi lugar de trabajo (no exactamente pero sí... a un nivel medio general) y que sin dudas cuando la autopista daba la curva, podía ver a los 182 viniendo por Olivera y pasaba justo por arriba de la autopista que atraviesa de Directorio. ¡Pues claro! Esa autopista tenía que ser algo, esa que veía todos los días tenía que ser transitada por alguien. Todas las autopistas que formaban puentes sobre la ciudad debían ser algo. Y eran eso ¡autopistas! Sin embargo siempre desligué esa superposición avenidas/barrios/autopista. Siempre. Las autopistas me parecían algo periférico, algo que rodeaba la ciudad como un anillo de polución, de ruido, de luces hechas líneas curvas y rectas y rojas y amarillas y todo eso que no viene al caso pero se entiende. Es increíble como me cuesta manejar los conceptos de esas superposiciones y contigüidades obvias. A mí no me resultan tan obvias, quizás por provinciana.
Más allá de esta reflexión, hoy descubrí que son superfluas. Que no importa su existencia. Tampoco existe ya, mi enojo, mi ira, mi mal humor. El amanecer de un domingo (¡eso que odio los domingos!) fresco, bello, con buenos augurios cambió mi mundo. Hoy volví a ser feliz gracias al viento, a la temperatura descendiendo y por sobre todas las cosas por encontrarme de repente pisando hojas secas posadas en el suelo. Es que -claro- el otoño llega en una semana. How happy it makes me, oh oh oh.
Viene el otoño, hoy empiezan a volver a cerrarse por segunda vez los círculos concéntricos que en realidad se van haciendo más y más grandes, de manera invertida a la lógica real del más grande al más chico etcétera por dos para quedar más científicamente comprobados, o teóricamente literarios o tesina ensayo premio nobel de la cháchara. No importa, cuando hablo de círculos hablo de crisis aniversáricas y qué loco porque las hisotrias se están empezando a transitar a la vista pero no al pie, las puedo ver como las vi y me pregunto ¿por qué y por qué no? ¿por qué creo que las hago más reales y eternas si las vivo rememoroando, las cosas, las acciones, las palabras dichas y las suspiradas?. Ah, como si la materialidad viniese por parte de la repetición, de la construcción onírica, ilusoria, nostálgica. Como si algo de eso valiese la pena cuando los años empiezan a avanzar, la vida a secarse y esos sueños y esa estética fascinante de antes se vuelven travesuras de una desesperada miniatura y nada más, y nada más ¡hay que entrar temprano a trabajar, vaya a ganarse el pan!

1 comentario:

Reptile dijo...

Se te nota como con energía. Mandame un poquito. Yo soy una chica de calor, la llegada del otoño me está apagando.