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jueves, febrero 24, 2011

la regla de la realidad

(a riesgo de sonar como una imbécil, te extrañé un poco. Qué suerte que seguís por acá y qué suerte que te hayas adaptado a tu nueva vida)

La primera obligación de los amantes es evitar las trampas que les tiende el mundo para abandonar la situación de secreto que les es propia y dejen, de ese modo, de ser reales. La realidad, mi amor, es un bien escaso. Tú y yo somos reales cuando estamos juntos, en contra de los convenios generales. Si abandonáramos la clandestinidad para convertirnos en una convención más, dejaríamos de serlo.
Laura y Julio - Juan José Millás.

Sin duda me compré este libro porque el personaje se llama Julio. No es la primera vez que lo hago y al leer aquel fragmento me quedé pensando en las vicisitudes de la vida, de los nombres y de los meses, también de las iniciales (ja, Abril, Julio, nunca lo había pensado).
De fondo sonaba una canción de System of a Down y llovía y era viernes y en los grafittis se leía Revolución. Julio.
Últimamente el tiempo está chistoso (Abril) y quiere hacerme creer que estoy viviendo cosas ya vividas. Como una superposición de años, de instantes que hoy por hoy cuando forman este collage, no soy muy lógicos, por mera anacronía.
Hace poco algo así escribí en una carta. En una carta que nunca entregué, como muchas que sufrieron ese destino. Y otras que si llegaron a destino, bueno, fue como si nunca lo hubieran hecho.
Pero nada de esto viene al caso. Esta sensación de deja-vús concientes está enredándose en mí como una constante hiedra perfumada, alucinógena. Me pregunto si una mañana no abriré los ojos para darme cuenta de que nunca viví del todo, para verme liberada de los relojes y de los calendarios, y saberme virgen, vacía, perdida.

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