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miércoles, febrero 09, 2011

insomnia

(y de repente) era una pesadilla. La más impensada, y a la vez lógica. Vos, enamorándote de él, él, logrando que lo ames, el enamorándose de vos. Resurgió en su piel entonces la pasión por robarle a un ser lejano, despertó en tus entrañas la sensación de hallarte frente a un individuo incomparable. Vos, él. Faltaba yo, que siempre pensé ser la real criminal. Entonces sus palabras "no te dije pero estoy viendo a alguien...", entonces su definición "...a lo que supiste ser vos". Sabías -vos- cuando empezaste a buscarme que en realidad buscabas a él. Lo sabías desde que te contaron el cuento y más desde que hallaste sus ojos, accidentalmente, por inventarme a mí. Un día -ya no sé, un día, una noche- vendrá alguien a decirme que no, que los libros subrayados, las canciones grabadas de la radio, las frases tatuadas, los ojos; que todo eso es pura casualidad, conexión de las masas. Yo voy a reir (yo también creí en esas excusas) y juraré nunca más contar la verdad, ni la mentira, ni el cuento de la buena pipa. Juraré todo en el altar de mi hipocresía mientras asomo mi nariz en el almuerzo y los veo a vos y a él caminando por el parque. A él que nunca quiso acompañarme a ese parque. A vos y a él, robandome la historia. A vos y a él, riendose de mí, en mi parque.

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