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lunes, enero 03, 2011

Insomnio

Insomnio, lo sé. No es que haya regresado, quizás jamás estuvo pero yo no duermo, no. No quiero dormir y decido escribir todo eso que quiero decir desde que dieron las cero horas del primer día del año. Quiero decir mucho, y a la vez nada porque es pura literatura y vacío. Escribo, veo mis manos iluminadas por la luz del monitor; al tocarme el pelo mojado y perfumado, al jugar con él, mis manos ya no están iluminadas sino que se ven negras a contraluz. Y sigo diciendo nada.
Hoy se me ocurrió -o quizás ayer, embriagada de pesimismo- que era hora de culpar a los seres que me habían vuelto carroña. Aunque incluso en esta carne podrida haya belleza, ¡vaya que la hay!. La degradación de mi ser me vuelve más reina y más cruel, son los peligros de la simbiosis del pecado. Nunca dejaré de decir que la obra incompleta de alguien vino a ser terminada por otro ser más poderoso.
Y no importa eso.
A veces siento una mano, un brazo alrededor mío y unas palabras en el medio de un salón. Ahora el resultado está a la vista, pero fuera de ese alcance. Me encantaría poder manipular(¿qué?) pero solo se manipula lo que se tiene en mano. Por eso hay objetos, hay individuos que por más poder que impongan sobre nosotros, son fáciles o son posibles de manejar: porque por momentos somos dueños de ese mismo letal poder, para usarlo a nuestro favor.
Y nada de esto tiene sentido.
De repente, tirada en mi cama y rodando entre las sábanas -sola- quise gritar. En mis venas, en mi torrente sanguíneo corría la certeza de la maravilla del mundo que somos. Somos, plural. Somos la perfección hecha carne pero solo lo somos porque somos. Quizás pueda decir que si me hubieras conocido (¡ja, conocido!) un día, dos días antes, hubieras hallado en mí un ser limpio de cualquier pecado. Sí, solo cuestión de un día, comprendelo. Entonces podría culparte de todos mis dulces males de poeta maldita, de todas las hermosuras diabólicas que me proporcionaste since we met. Es idiota porque sé que esto que soy ahora, esta alma que un día se descarrió, es el resultado de haber estado encausada durante mucho tiempo. Necesitaba alguien que me detonase, gracias por ser vos mi terrorista. Anyone chooses its own self-destruction. No creo que vos seas autodestrucción ni destrucción realmente, ahora que sé a quien estoy hablando, no me costará decir lo que siempre te dije: entre muchas cosas que me regalaste, una fue el poder decir que soy feliz sin ponerme a filosofar oscuramente. Y sin embargo te acuso, conde de traje oscuro; te acuso de haberme transformado en, de haberme convertido en la vampiresa más culposa del condado. Me da risa pensar en los repetidos instantes en que profané el silencio con esos dichos; es ridículo culpar a alguien de haberme desenmascarado, de haberme presentado (a mí misma, increible) lo que siempre fui y seré: un ser que simplemente necesitaba hallarte para finalmente empezar a correr.
Es impresionante como acabo por hablar sobre vos cuando en realidad no era mi intención; en la cama escribí cartas mentales que nunca escribiré realmente, en la ducha ordené discursos impronunciables que jamás harán vibrar mis cuerdas vocales. A pesar de todo eso, cuando me siento a vomitar palabras, aparecés vos, musa maldita. Quizás desde siempre estás ahí, como en esa foto, esa primera foto, vos delante observando al mundo, yo detrás observandote. Y a veces dejo de creer que sos un peligro para mi persona (creo que dejé de creerlo cuando dejé de creer en el peligro hacia mí) para pensar que lo dañino en realidad soy yo, para vos. Porque no son buenas las eternas trastornadas para nadie, no son buenas las escritoras ni las que intentan serlo, para nadie. Ellas solo son seres hambrientos de sufrimiento y de inspiración que en el resto de los humanos solo ven relatos en potencia, historias por escribir. ¡Ah! Recuerda aquellas que se ahogan, recuerda aquellos que quedan sin ellas. Pero por supuesto, es todo puro teatro. Pure performance. De repente te detesto porque amo hablar de mí y me encuentro hablandote a vos. Quiero callar, pero la madrugada desata la idiotez que poseo, la verborragia peligrosa -esto puede ser puede ser peligroso- esa verborragia del alcohol (puede ser peligroso) y de la pérdida de conciencia. Siempre estás vos oyendo mis incongruencia, mis confesiones de fuego. Vas a leer esto (son las dos de la mañana casi, amor, y yo no creo que duermas pero tampoco que estés leyendo esto, aunque lo vas a leer, claro, no es como esas historias en las que no sé para qué escribo si esto nunca lo vas a leer, y si lo leés no vas a saber que es para vos, y en el fondo no sé si es para vos o para mi o para la nada misma del discurso autorreferencial).
¿Ves? No sé para que hablo. No sé ya a quien me dirijo. Pensaba dirigirme a todos pero el todos de esto es muy pequeño, 4 o 5 personas como mucho (y de repente me siento observada, siempre. Es complejo este lugar). Aunque, después de todo, no pensaba dirigirme a nadie. (ahora quiero volver a hablarte porque tus ojos me despertaron, tus ojos de cucarachafluctuante y es impresionante como estoy regresando a esa noche originaria una y otra vez mientras escribo esta eternidad sin sentido).
La cuerda se rompió, la tensión se esparció. En el tintero quedan millones de palabras invisibles, millones de tropiezos que no llegaré a poner en letras, a tiempo.

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