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viernes, enero 14, 2011

Diario de un viaje ajeno II: día 8

Claramente, hoy fui al pedo a trabajar. Lo único productivo fue desarmar esas estanterías que estaba derrumbándose y que en cualquier momento podían matar a alguien. Dado que no había más que hacer, llegué a mi casa al mediodía, comí de mi abuela, tomé helado y mi prima me acompañó a la peluquería. Ahora tengo el pelo negro azulado y de yapa me compré un vestido. No es el vestido más cool ni más elaborado del universo, pero tampoco puedo pretender demasiado. Es lindo, me gusta como me queda y ya.
Estoy comiendo como cerda, aunque no venga al tema.
Ayer y hoy me tocaron boletos capicua.
La noticia del Rayuela segunda edición -es complejo hallar la primera- que pronto estará en mis manos me agarró de sorpresa. Ok, me siento a spoiled little girl(friend) con eso y con las lechuzas y con el collar lindo. Ahora voy a tener que ponerme con el regalo de cumpleaños del señor del que hablo. Porque falta un mes. Acabo de notarlo, falta MENOS de un mes. Terror.
Mañana voy a lo de Luli con Flor. Hace mil que no veo a la señorita Rozán y debe tener mucho que contarnos. Interesante. Por la mañana pintaré la caja de Harry Potter, si puedo le voy a poner felpita adentro así demuestro lo genial que podría quedar (?)
Me duele la panza ¡oh, tragedia! y hoy comeremos pizza. Es raro un viernes sin vos, especialmente porque hoy no salgo como el pasado, y siento que falta algo. Claro, faltás. Te extraño, este es el momento cursi de la entrada de diario, te extraaaaaaaaaaaaaaaaaaño. Y me da intriga tu último mensaje con emoticón levantacejas. Mucha intriga.
En fin, este fue un viernes interesante, quizás. Quizás, quizás, como dice la canción.

14.1.11

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