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sábado, enero 08, 2011

Diario de un viaje ajeno II: Día 3

Amanece lloviendo, dulce lluvia de enero. Desde que anda lloviendo tanto en enero y con cierto viento aturdiendo las pieles, siento que es abril. Uy, escirbí abril con minúscula, times are changing (?). La cuestión es que analíticamente es algo muy interesante que yo suplante la esencia de enero con la de abril. También es bastante pesimista, aunque hace años que sabemos que el mes más cruel haciendole caso al significado real de la palabra cruel es julio, julio con minúscula, pero no interesa. Esto es un diario y no un calendario.
Bueno, hoy pensaba ir a Morón a comprarme una pollera, pero eso no sucederá. Pesaron más los deseos de continuar durmiendo y soñando (con libros de Alfaguara violetas, con el nombre de Marguerite Yourcenar apareciendo por ahí, con parejas que empezaban a develarse secretos, con hombres que intentaban preservarlos, yo leyendo, yo en un colchón haciendo oídos sordos, dejando ser, no vaya a ser cosa que, etc.).
Ayer el After-Office, fue mejor de lo que pensaba, aunque mis pies sufrieron las cuadras caminadas en tacos altos, en empedrados machistas. El regreso fue una sorpresa ¡oh santo 53 que en todos lados estás!, también estás a 8 cuadras del lugar en donde me encontraba, porque sos mágico y especial, porque mi destino era ser colectivera y lo torcí. O no.
En fin, anoche 2x1, anoche picada, anoche reirme bastante, luego regresar, comer la pizza que quedó, ver el final de un capítulo de Dragon Ball Z en la tv (saga de Cell) que me causó un retroceso al febrero pasado. A las noches de febrero pasado comiendome dos horas de Dragon Ball Z tirada en la cama.
Ya estaba dormitando cuando me llega una llamada, escucho de nuevo la voz del ser que lejano se encuentra. Fue una dulce conversación, corta pero dulce y cargada de amor. Ah, es curiosa la distancia. Es algo que siempre me llamará la atención.
Pues bien, de repente llega el hoy y no voy a Morón. ¿Qué haré? Pintar, seguro. El Woody para Dana, posiblemente, quizás el cuadro que hace un año espera ser finalizado. Mi inconstancia siempre presente. Más tarde, cenar con amigas, y de ahí se verá: noche de poker o salida a Ramos Mejía. Mis pies aún sufren, así que espero que sea noche de poker, porque de ser salida a Ramos querría calzarme tacos altos y oh, impiadoso dolor. Dolor por mí escogido ¡siempre la autodestrucción!
Ayer me dijeron de nuevo que debería cantar. Este verano tenía pensado aprender canto pero etc. Quizás lo haga, siempre quise cantar y al menos esta voz de hombre tendría una utilidad más allá que la de poder imitar un par de piropos camioneros. El tiempo y la voluntad dirán.
Mientras tanto, creo que me iré a preparar los acrílicos para continuar con mi tarea de pintora. Ja, pintora.
Creo que este será el fin de esta entrada de diario, mañana será otro día.

8.1.11

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