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jueves, enero 20, 2011

About a girl

A veces siento que, como mujer, nací fallada. Hoy, por ejemplo, detesto ser mujer con toda mi alma, pero ese es otro tema.
Hace poco mi hermano disparó de nuevo todas esas cuestiones de mis "fallas" cuando, luego de decirle yo que, de pequeña decía que quería ser "pintora, escritora y actriz" él me preguntase si nunca había querido ser madre. Madre como 'ocupación' como 'oficio'. Lo miré entre perpleja y meditabunda y le respondí que no, bah, que de chiquita (4 años quizás) jugaba a "la mamá" pero que posiblemente lo hacía sólo porque me regalaban muñecas. Ya para los 6 o 7 años prefería jugar a la periodista, a Sailor Moon, al tutti frutti o al tejo de aire; mis barbies nunca tenían hijxs sino que eran todas hermanas. También me divertía mucho dibujando y leyendo, hacia los 8 años empecé a escribir. Otro de los juegos a los que le rehuía era "la cocinita". De hecho me regalaron una de juguete siendo muy pequeña y para cuando empecé primer grado la donaron a porque no la usaba.
Más allá de esas pequeñas anécdotas de mi infancia alejada de la idea de maternidad, lo físico tampoco ha colaborado mucho para que dejase de creer en la idea de mis fallas como mujer (siempre entendiendo el término mujer como la idea socialmente aceptada de ello, es decir con el concepto de femenidad impuesto, con las características del mismo y con con sus tipificaciones). Tengo voz demasiado grave, tengo pecho demasiado plano, tengo demasiado vello y espalda bastante ancha. De hecho me han dicho, cuando tenía el pelo corto, que de espaldas parecía un "hombrecito".
Sin embargo también me dijo alguien una vez que algo que le gustaba mucho de mí era mi femenidad. Es cierto que me gusta vestirme 'mujercita' (aunque no todo el tiempo, quizás solo cuando salgo o voy a la facultad... a veces) y que puedo calzarme tacos sin andar quejándome todo el tiempo del dolor de pies.
Entonces, mi físico carece de los atributos femeninos por excelencia -el seno voluminoso de la mujer fecunda- que al mismo tiempo son los de la madre típica.
Y es que más allá de eso, a veces me da un poco de risa ver como mi concepción de ciertos puntos de las relaciones amorosas rompe un poco con el cánon generalmente relacionado con lo femenino, al igual la manera en la que siento, vivo y expreso mi sexualidad, ciertas afinidades (como aquel 'sueño' de ser colectivera) y maneras de expresarme o relacionarme con el sexo opuesto.
Pero quizás la cuestión que mas le ha chocado a muchos sobre mí (y es que a mí no me choca porque la vengo arrastrando desde siempre) es la que enuncié al principio: la maternidad.
La maternidad me resulta algo absolutamente ajeno a mi cuerpo. De hecho muchas veces he dicho que si en algún momento decido tener hijos, serán adoptados (y aún así luego pienso en lo incapaz que sería de criarlos). Es que imagino a mi cuerpo como algo infinitamente mío; tengo una idea muy egoísta acerca de mi físico. Más allá de eso, no podría imaginarme relegando millones de cosas durante nueve meses por un crío. No me imagino sufriendo el parto. Tampoco los cambios corporales. No me puedo ver teniendo que tomarme licencia del trabajo o dejar de hacer determinadas actividades. Y luego, a medida que pasara el tiempo, debería mantener a esa persona emocional, económica, sanitariamente. Debería hacerme responsable de alguien para toda la vida cuando, siendo como soy, me cuesta hacerme responsable de mí. Imagino viajes que podría hacer, aventuras que podría emprender, y con un hijo a cuestas se me figuran imposibles o poco factibles. Porque en el fondo sé que de ser madre sería una mala madre, y eso no lo merece nadie. No quisiera tener hijos por capricho o mandato social y luego hacerlos sufrir o no darles el cariño suficiente. Como mucho puedo responsabilizarme por un gato.
Por eso no entiendo a los jovenes de mi edad o incluso más chicos que al enterarse que van a ser padres, se lo toman dentro de todo bien. Yo estaría buscando las maneras de abortar o de matarme. Suena tremendista, pero realmente me encontraría en un estado cercano al final de enterarme que estoy embarazada. Puedo verme como la tía copada, como la amiga de mamá que te presta libros y te presta ropa, pero no como mamá. Puedo tratar bien a los niños y ser cariñosa, pero eventualmente, por un par de horas. No toda una vida. No puedo. Además, con mi sentimiento pesimista hacia el mundo ¿para qué traer seres que sufrirán como nosotros, o peor, las desgracias de este universo?
Me siento cercana a lo que se dice en Mrs. Dalloway: "One cannot bring children into a world like this. One cannot perpetuate suffering, or increase the breed of these lustful animals, who have no lasting emotions, but only whims and vanities, eddying them now this way, now that".

Por eso, por todo lo que dije muchas veces me pregunté si no estaría andando mal, si no tenía algo equivocado, erróneo.
No, simplemente no me creí lo que me dijeron, no me metí en el cajoncido de lo femenino y lo cerré para siempre. Simplemente soy yo, tomo lo que quiero y lo que no quiero, no.

1 comentario:

El Poeta Maldito dijo...

Nadie nace sabiendo que va a ser un buen padre o madre, no existen lugares que te enseñen ese tipo de cosas.
A mi también me cuesta horrores hacerme responsable de muchas cosas y también tenía la idea de que no puedo traer a nadie a este mundo y darle lo que se merece, nunca se me había pasado la idea, ni siquiera de imaginarlo. Hasta que en ese momento mi pareja, hoy mi ex, me tiró la idea como si nada, obviamente no se dió por muchas cuestiones, pero confío que ese momento puede llegar a pasar, como que las cosas encajan y surge. Debe ser una experiencia unica, quizás de las mas grandes que te puede ofrecer la vida. No me obsesiona la idea pero tampoco me gustaría perderme algo así.
Entiendo toda la movida externa que conlleva, los sacrificios, por eso recalco el tema de los momentos. No sé, en una opinión personal, cada uno hace lo que quiere de su vida pero me parece que no hay que cerrarse de una manera tan determinada o una posibilidad unica.