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lunes, enero 17, 2011

250 latidos y el gatillo

Existe un ejercicio de creación literaria que consiste en escribir la primera oración de una historia corta usando 250 palabras y manteniendo la coherencia. He aquí mi intento.




Me dijiste que no vendrías, que no llegarías, que te esperara un poco más; lo dijiste serio, triste -lejano sobre todo por la voz y por la distancia- lo dijiste convencido de que la vida ingresaba de nuevo a su rueda mortal y que quedaríamos atrapados, como alguna vez, hasta que llegara a rescatarnos la guadaña del deseo y volviésemos a ser lo que no éramos o lo que sí, es decir un par de humanos fluctuantes como los ojos de una cucaracha mutante, un par de cuerpos arrasados por la historia del crimen florecido; vos dijiste que te esperara un poco más sentado en un lugar que no conozco y al que temo pero amo, me dijiste que tan solo por horas la historia se desbalanceaba y entonces no hoy sino mañana, (ya es mañana y sin embargo para mí es hoy) “no sé porque, pero llegaré tarde entonces mejor mañana”; el día ya cambió hace una hora y vos no estás, no sé si estás, me pregunto si no te partió un rayo, si no te comió una nube, si no te arrojaste para siempre al vacío, si no te enamoraste de alguien que jamás conoceré, porque siempre está la chance de que la tardanza no sea por la lluvia sino por otra tormenta, por la de los brazos más comprensivos, los pechos más calurosos, el cabello más sedoso; ahora ya no sé si vendrás o no, si llamarás o te llamaré, si cuando llegues dirás hola o adiós.

Me dijeron que antes que sufrir por incertidumbre mejor actuar, mejor moverse. También me dijeron que la salida más fácil de la duda es la muerte. Sí, es la duda o la muerte, lo digo al borde del abismo fluorescente que es caída sin fin. Yo por eso elegí ir a buscarte, ahora que sé que en horas arribarás a tu hogar. Llevo cargado mi revolver, espero que esta vez a mi puntería no se le ocurra fallar.

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