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miércoles, diciembre 15, 2010

(pensar que el otro día hablabamos de esto, y vos ¡ay de vos, demonio cruel!)

En una época escribía cuentos, cuentos sobre personas que eran iguales y a la vez no lo eran; eran iguales pero que odiaban serlo, era asquerosa esa igualdad, era vomitiva y molesta, porque después de todo no podían escapar de ellos, de los espejos y lo único que hacían todo el tiempo al tocar la piel de un ser compartido era repetir las mil y un noches de fiebre, las millones de quebraduras al destino. Escribí tres cuentos así, tres cuentos de pura catarsis y en el último ellas dos, las mujeres idénticas, morían asesinadas mutuamente. Con un espejo de por medio.
Con el tiempo el parecido se fue esfumando u olvidando, quizás perdió importancia. A veces se reía de haberlo pensado, a veces volvía pero disminuído, la cuestión es que se transformó en un vicio vacío, un caramelo para paliar el hambre.
Un ser se había quedado sin reflejo, sin espejo, sin juguete peligroso.
De repente, encontró otro, mirando un charco sucio, podrido. Quizás la encontraron, porque eso nunca se sabe, nadie sabe quien miró por primera vez por la ventanilla del colectivo y vio a unos ojos similares devolviendo la mirada, no, nadie sabe.
El reflejo ya no era odioso, vomitivo ¿o era porque se estaba del otro lado? Pero antes ambos lados odiaban, temblaban, corrían con tal de asesinar al otro, y asesinarse a sí mismo así.

Por momentos se me ocurre pensar que los reflejos pueden amarse. A veces vuelvo a escribir historias, a veces las borro, a veces las imagino si llueve y el verano viene corriendo. Sí, los reflejos pueden tocarse, besarse. Pero a la vez eso implicaría una tragedia sobrehumana, doblemente traicionera, resurgirían de los mares muertos las sirenas adormecidas con sus cantos malévolos, los corazones exponencialmente sangrarían, ahora. Los reflejos pueden acariciarse, desarse. Pueden vengar maldades pasadas pero sacrificando la santidad del presente y de esa manera todo se vuelve circular pero nunca saldado, las deudas se encadenan y cada eslabón eliminado se agrega al principio de nuevo. Pero es así, así es la pasión de los reflejos. Dolorosa, incestuosa, maravillosa.

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