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domingo, diciembre 19, 2010

Pelotudez

Había que ser mujer para que en el frío regresase el temido y el excitante gemido, el de los recuerdos que empañaban las paredes de ese color perdido, las mentiras, los ojos y los soles. Había que ser mujer porque la mentira es más mentira y más velada y por eso es el crimen ideal y porque solo detective perfecta se puede ser así, solo perseguir se logra en lo sigiloso de las polleras y de las caderas; había que ser mujer en las buenas y en las malas, en los pechos bamboleantes del verano abundante y en las llanuras pampeanas del calor deshidratante; había que ser, había que ser.
Porque si no lo era nadie entonces nadie era nadie, porque las manos de seda solo hacen un vestido cuando con más seda se topan, porque las curvas solo encajan en más curvas y los cabellos se enriedan en los juegos, en hacer bailar y gritar a la muñeca, en saltar la soga, el elástico, los casilleros de la rayuela.
Sólo eso pudo ser si se era mujer, la crueldad de los hechos disfrazados de debilidad, la maquinal decisión de dominar a los mundos jugando a ser dominada, de asesinar poniendose un nombre de víctima. Es la gracia, las pestañas tormentosas, las risas peligrosas. Ah, son las piernas, son las medias, son las caderas, la cintura, las manos frágiles, los ojos atigrados. Son las almas más malditas, las mejores embusteras; no es que los hombres sean más infieles, es que sus huellas se ven más. La sonrisa pintarrajeada, la mente drogada, y las palabras siempre listas para sustentar el engaño de histeria, de la voracidad. Hay que ser mujer para vestir al cinismo de terciopelo, para que la bilis del desamor se endulce con merengue.
Yo no sé si todo hubiera sucedido igual si no se hubiera tratado de una mujer, o si se hubiera tratado de dos. Quizás sepa demasiado y demasiado sepas vos.
Hay que ser mujer para ver los espejos brillando al otro lado de la ventana y ponerles nombre. Hay que ser mujer ¿qué es, ser mujer?

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