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miércoles, noviembre 10, 2010

viajar

Un colectivo te ignora, el siguiente ya no. Notás en el número que es el mismo que de ida te llevó, y de repente al sentarte (te sentás ahí porque el lugar está vacío) ves que practicamente estás en el mismo MISMÍSIMO asiento en el que viajaste hace dos horas. Entonces el señor de al lado baja y tu cuerpo se hunde en la misma cuerina que se hundió por la tarde, se apoya tu rostro en el mismo cristal que anteriormente se empañó con tus suspiros. Y esas palabras verdes -como vos, que hoy sos puro verde- incomprensibles vuelven a ser tu compañía. La repetición de los momentos, horas y horas espejadas de nuevo.

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