Buscar en este blog

miércoles, noviembre 17, 2010

Te extraño

Lloro. Lloro sola, es casi media noche y estoy sacando en forma de lágrimas aquellas penas que me siguen doliendo, aquellas lastimaduras que se siguen infectando cada vez que siento la ausencia deslizarse entre las sillas, sobre la mesa de fórmica, cada vez que imagino que hay muchísimos vacíos todavía y que no soy la única que te llora, porque sos el único que faltás, porque están todos y vos no y ¿por qué vos no? porque sí, porque hubo cosas tardías e irrefrenables y vos no, vos no estás y nadie pudo detener que dejaras de estar.
Estoy llorando todo eso que quiero llorar desde el domingo por lo menos -desde siempre, desde ese día de hace más de dos años que nunca se va a alejar, pero el domingo se intensificó, se prendió fuego- todo eso que quiero decirle a alguien y hay un solo alguien a quien quiero decirselo- todo eso que me pasa cuando veo que hay sensaciones que tu recuerdo y tu desaparición causan en todos de la misma manera, el ver parecidos y encariñarse más, el escuchar anécdotas y querer llorar, el ver amores eternos y sentir como otros -el tuyo, el de ustedes- quedó truncado aunque en realidad sea eterno, quedó truncado porque a pesar de que sigue durando para siempre, faltás vos. Y seguís faltando, seguís siendo un pedazo de vida que ya no da sombra porque ya no es vida, una gorra que está colgada en la silla y tiene un poco de tu nombre; seguís apareciendo en las fotos pero quiere desvanecerse tu voz, ya sólo quedás en sueños y si fuera por mí no me despertaría sólo para tenerte abrazada mucho tiempo, y que te rías y que te tomes todo con esa calma que te tomabas la vida. Te extraño y extrañarte me hace sentir que todo es injusto, que lo que nos pasó es injusto, que no puede ser que hayamos llegado tarde, que nadie se haya dado cuenta antes. Que no puede ser ¡no puede ser si tantos andan por ahí, eternos y maléficos y vos tan bueno y vos tan único y tan necesario!
Ahora estoy hablando con el aire. Pero en el aire estás vos y quizás me leas, me escuches y veas como tengo la carita negra de lágrimas que borraron el maquillaje, la garganta llena de sollozos, el corazón estrujado.
Quiero verte, cruzarte en la calle como recuerdo, un día te crucé (siempre que paso por ahí lo recuerdo y creo verte venir pero no, es el vacío), quiero llegar y saludarte, irme y darte un beso y pensar que no te vas a ir nunca, soñar que todo tiene cura. Quiero que vuelvas. Pero vos fuiste a aquel lugar del que no se vuelve. Y mientras existan los relojes y las fechas de vencimiento, hay que bancarsela.

2 comentarios:

Reptile dijo...

Me hiciste llorar. Desde acá, te abrazo mucho y muy fuerte.

Anónimo dijo...

Qué buenas imágenes sensoriales tiene tu relato, lo que no tiene retorno deja abierto un hueco sin fondo en el que se cae infinitamente al menos mientras dure nuestra finitud.