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martes, noviembre 02, 2010

Coche 106

El inicio de un libro que amo habla de como dos personas andaban sin buscarse sabiendo que andaban para encontrarse. Hay veces en las que a conciencia sé que hay planos que me unen con cierta gente. Ojo, planos que me unen y que no fueron 'planeados'. Entonces comienzo a hacer trampa, para que la casualidad se dé. Pero ¡eso no es casualidad! y lo sé. Entonces nada se da, y lo que podría haber sucedido sin que yo me entrometiese, no sucede jamás. También en otros casos acontece que de repente me encuentro con un posible cruce, y si bien no hago nada para que sucediese (porque quizás el horario, pero fue mero azar y lo juro; también el transporte fue comodidad y compañerismo) dificilmente pueda evitar que no suceda. Por eso me mantengo atenta y nerviosa... y estar al tanto de la hipotética situación de nuevo detiene la casualidad en potencia.
Pero a veces sucede que vienen dos 85 y doblan la cuadra antes de la parada. Que atrás -justo atrás- viene un 53. Y de repente viaja Paulieandy y se baja donde se debe bajar (porque aunque hay dos materias y una del cuatrimestre pasado, la observación primera fue en un 53). Y después se baja y se sienta allí otra persona y yo pienso en ángeles del pasado.
Ángel del pasado desaparecido hace tres años... hasta que sube. Hasta que sí, no es un parecido, es él. Y aunque no haya bajado en la parada prueba, sé que fue cierto. Claro, porque la gorra era de tenis.

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