Buscar en este blog

viernes, octubre 22, 2010

oncemeses

Vos sabés -porque es viernes otra vez- que hay años y años, meses y meses y la cuenta crece (¡crece!) y hoy contamos once, que son dos menos que trece.
¿Te acordás? Hubo una época en que contabamos veintiochos. Otra época conté veintinueves. Quizás conté onces (como ahora cuento un once bellísimo) y ya no recuerdo ¿conté dieciochos?. Ahora cuento los veintidós (alguna vez ya lo había hecho) y aún así contarlos es algo simbólico, porque todos los días son el día -como para Cortázar, todos los fuegos, el fuego- y cada hora nueva brilla porque lo hacen tus ojos, porque lo hacen los míos al mirarte, al pensarte. Cantamos y contamos, alguna vez, tragedias. Que el enamorarnos haría tristes los días, que nunca podríamos escribir amor los dos juntos. También nos preguntamos con osadía y amargura porqué uno no elige de quien se enamora. Nos habíamos equivocado -por suerte, y hasta creo que en el fondo lo sabíamos; maldecíamos y predecíamos tempestades asesinas sólo por cábala, por no querer ilusionarnos- y nos seguimos equivocando, porque nunca fueron ciertas las calamidades (solo cuando lo fueron, pero salió el sol que entibia más de lo que las tormentas mojan) ni los presagios mortales. A veces gotea, a veces el viento hiela. ¿Por qué? Porque incluso el trópico es cambiante, los polos de vez en cuanto también tienen calor. Es la humanidad, es el secreto sabido del amor. Pero finalmente es eso, amor. Es despertarse para mirar el techo y pensar "otro día más con vos" con la sonrisa que impulsa, con la cosquilla que endulza. Y mirando hacia atrás, podemos también gozar de no haber perdido las torrecitas de vasos, los árboles y las calles de los lunes, las corridas y las guerras de chocolate, de talco. Seguimos siendo todo eso y también somos más. Somos todo, todo lo que se puede esperar, desear, soñar. Para mí, tu nombre es felicidad. Para mí, amarte como te amo es el premio que nunca jamás nadie me podrá quitar.

No hay comentarios.: