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martes, septiembre 07, 2010

Colectivo, 6.9.10

Esta vez era al revés. Ciertamente al revés, porque es lo inverso, la cueva sin estalactitas, la suavidad lampiña. Y entoncs, como en algún momento la irrepetibilidad ocular me condenó, ahora es la constante igualdad (¡pero claro, igualdad!) mi acechante amenaza.
Esa manera de delinear, felino arte ancestral; ese negro marco que vuelve aún más penetrante cada par de puñales como todos esos que no cesan de aparecer; dibujo de mi secreto de miel, de esmaltes de colores. Si una vez fue espejo, ahora se enriedan en labertinos. Si alguna vez fueron dos que eran uno, en este momento eran todo, espacios plurales invadidos con esa hiedra venenosa, con esa forma de detener la memoria en redondeces, sí, infinitas y también acuosas. Pincel cruel, negro, me has hecho olvidar el primordial color. Pero ¿Qué importa? si siempre parecen uno cuando mi insuficiencia los halla (de nuevo), cuando mi mente comprende que -otra vez- son ellos, y son así. Así, y algo de indéntico. Todo. El resto es boca, clavícula, cabello salvaje; el resto es certeza. La certeza con su A invariable y con un único artículo posible.

1 comentario:

Anónimo dijo...

"Si alguna vez fueron dos que eran uno, en este momento eran todo, espacios plurales invadidos con esa hiedra venenosa, con esa forma de detener la memoria en redondeces, sí, infinitas y también acuosas."

Excelente proyección de imágenes, y excelente relato, tanto por lo que dice por cómo lo dice, cómo añoro esa sensación de sentirme unida a otra persona al punto de que todas mis espacios son invadidos porque parece que los hiese vivido solo para plasmarlos en ese instante, único y peligroso. Besos. CaroVianco.