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jueves, agosto 05, 2010

El hombre que hablaba...

Si me hago adicta a tocar el pequeño bultito del cuello tal vez me encuentre siendo una Martín Romaña cualquiera, y solo me quede esperar por una Octavia u Octavio u Octavix de Cádiz -que nunca se llamará Octavia o lo que sea en el cielo- que me lleve hasta la muerte más dulce, con un previo recorrido por toda una existencia de altibajos.

¡Máximus, Máximus, Máximus!

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