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jueves, agosto 05, 2010

Amigos en común: 2

Tu rostro, tu pelo, tu cuerpo me resultan extraños. En todas las imágenes que alguna vez había recorrido vorázmente con tristeza y amor, ya no encontraba nada claro. No, ya no encontraba nada conocido, mejor dicho. Tu nombre se había vaciado de significado alguno, de contenido y ahora era una mera nomenclatura gastada.
Sin embargo, esas otras fotos, más viejas, en las que aparecías ahora vos, sí me resultaban cercanas, llenas de una vida y un brillo impresionante, jamás caducas ni con chance a caducar.
Vos (más joven y más viejo también, con tu rostro detenido en diferentes momentos históricos de la historia pequeña que no fue, pero históricos; tu rostro inmortalizado hace ya muchos años pero a la vez un poco cercanos) estabas muerto, inanimado e inhumano; y vos (con más edad ma non troppo, detenido en momentos ya tan antiguos, más antiguos al menos que los de las fotos tuyas ¡ay, muchos vos muchos vos, esto de hablarle a dos!) seguías vivo, inmortal, hermosura comprensible, no como la tuya, hermosura perdida y olvidada. Un poco jugó el tiempo, el ver quién llegó primero pero eso no se puede determinar bien porque influye la óptica y los parámetros, que si hablamos de eso o de esto otro, vos y vos, el huevo y la gallina pero son o dos huevos, o dos gallinas, nunca jerarquía, imposible encontrar la primacía.
Vos, la nada misma, vos el siempre hoy. Y de todos modos, frente a tanta diferencia el camino en un momento se cruza. Sí, se cruza cuando son tres (y tres, pero uno es los dos, porque uno es otro lejano que a la vez es vos y vos entonces vos sos vos y estúpidos silogismos) y cuando vos sonreís y vos también y esa sonrisa ¿no es la de él? pero también es la tuya y la tuya y la de ambos. Tapemos todo. El olvido, el amor, las flores marchitas y los calendarios. Los años biciestos también. Todo, por favor. Ahora destapemos tu sonrisa y también la tuya. Mirá, ahí está. La misma crueldad maravillante. ¿Crueldad? Sí, por su hipnotismo. Por su maldita capacidad de manipular. Nada parecido, podrías tener vos los ojos tuyos, pero no. Podrías, eh. El pelo a veces también, pero el pelo crece, cambia y a veces a espaldas puede ser, alguna vez. Pero hasta ahí y no importa porque lo que no cambia se llama sonrisa y no cambia la tuya ni la tuya y la de él es la prueba de que ambos convergen en el mundo de los meses coincidentes que son siempre los mismos porque más meses no se necesitan en mi existencia (bueno sí, más meses tengo pero con esos dos construyo una novela autobiográfica) y porque más seres, sí los hubo pero a mí eso me dijo que dos, dos amigos en común. Y en el medio un bache incoincidente que también son los dos meses pero creo que la sonrisa no ¿no?

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