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martes, julio 27, 2010

Último repaso

Tanta maravilla del mundo y ninguna lleva tu nombre. Es tan injusto, por supesto que lo es. Y sin embargo me fascina esta injusticia, porque -maravilla- te tengo para mí sola. Mi castillo, mi torre, mi muralla y lo que se te ocurra y no se te ocurra también; todo para mí entre las paredes o los parques múltiples de la ciudad circular que en realidad es sólo barrio.
Maravillosa maravilla, obviamente, que me maravilla marvillosamente. Los días, las horas, la eternidad indivisible a tu lado y los movimientos acompasados que se repiten pero siempre son nuevos (como los signos de Derrida, ay) a la luz de la humareda y del hilo y la lana y la risa tapándome hasta el cuello.
Maravilla atemporal, vuelta al mundo de dejavús constantemente de estreno, vos y esto que soy meciéndose en esa cuestión que construimos varias veces y que de tanto nombre distinto quedó con una identidad plurilingüe y marmolada; somos el hoy pero nos gusta ser el mañana; somos el día en que vivimos ahora pero seguimos siendo el ayer -nuestro presente presenta el diálogo constante de todo lo que fuimos e incluso quisimos ser, no es original sino construcción dialógica- que grita sonriendo "¡Te lo dije, ya sabías que el devenir era inevitable!"
Y vos, de nuevo maravilla. Y yo que me tengo que ir. Y hablo por hablar, discuro amoroso que sólo puede decir yo.


Ay, qué linda forma de decir Te amo y de repasar.

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